domingo, 22 de enero de 2012

LOS 14 MODOS DE ORAR DE SANTO DOMINGO

LOS 14 MODOS  DE  ORAR DE SANTO DOMINGO
Según Bartolomé de Módena (1470)
Introducción
Atento la publicación de las miniaturas sobre los 14 modos de orar de Santo Domingo según Bartolomé de Módena se ofrece  primero tres textos introductorios:
(1) Una noticia sobre el autor Bartolomé de Módena.
(2) Una introducción de un artículo del  P. Pietro Lippini op.
(3) Un artículo del P Angelo Piagno sobre el manuscrito robado y hallado.

(1) Bartolomé de Módena
Biografía de A. Alecci en el Diccionario Biográfico de los Italianos.
Hijo de Antonio, nació en Módena en la primera mitad del siglo XV y entró en la Orden de los Predicadores, probablemente en el convento de Santo Domingo de la misma ciudad.
En el año 1465 fue prior en  S. Giacomo de Forlì. Durante un viaje a Roma y de visita en la Basílica de  Santa  Sabina  dará el mismo Bartolomé la noticia  de su libro Vida de los frailes Predicadores.  Fue también en Vicenza donde en el año 1470, presenció como “socio” del Prior el Capitulo General de la Congregación  dominicana de Lombardía, celebrado el 16 de mayo. Tres años después (1473) lo encontramos  viviendo en el  Convento milanés de Santa María de las Gracias, como prior, cargo que ocupó probablemente hasta 1475.
En el año  1476 fue de nuevo a Módena, al Convento de S. Domingo  y el 26 de septiembre  obtiene  del Maestro general Leonardo de Mansueti el privilegio del uso de sus  libros, durante su vida. Fue en  Ferrara, donde inició una amistad  con  Ercole I del Este, duque  de  Módena, Ferrara e Reggio. El  10 de julio de 1479 el Maestro de la Orden Leonardo le concedía a Bartolomé, en respuesta a sus pedidos de tener  una residencia permanente en la ciudad del Este, el privilegio de residir a su voluntad en cualquier convento dominicano; después de cerca de diez meses, atento la disposición datada en Rieti el 6 de mayo de 1480, lo liberaba, y siempre en respuesta a su consulta remitida desde la congregación lombarda, lo asigna junto con otro fraile, al Convento de  S. Pietro Mártir di Barlassina (ciudad cercana a Monza), bajo la jurisdicción del Prior de la Provincia de Lombardía. Anteriormente al año 1483 Bartolomé fue de nuevo a Ferrara, al convento reformado  de S. María de los Ángeles.
El maestro general Salvo Casseta, probablemente detrás de tensiones con el duque  Ercole I, ordenó a Bartolomé, con fecha 29 de junio de 1483,  no dejar la ciudad sin el consentimiento del duque.
Cuatro años después (10 de junio de 1487) el maestro Joaquín  Torresani, al poco tiempo de ser elegido,  le revocó a Bartolomé el privilegio  precedentemente cordado, prohibiéndole el uso bajo pena de excomunión. Pero Bartolomé no fue alejado de la ciudad de Ferrara, seguramente en consideración  a su relación con el Duque Ercole I. Más tarde lo encontramos en Santa María de los Ángeles de Ferrara, donde el 3 de enero de 1491 escribió una carta al Duque pidiéndole que no revocara la prohibición del uso de las máscaras en el festival que había comenzado el 1 de enero en la ciudad. Después de 1491 no se ha tenido noticia alguna de Bartolomé.
Su obra principal es  la Vida de los frailes predicadores, contenida en un manuscrito conservado en el archivo de  la Basílica de Santo Domingo en Bolonia (Cas-3).  La Vida, terminada probablemente en el año  1470, fue transcripta por la monja dominica Sor Dominga de  Recarco de Verona en el  convento de S. Vicente en   Mantua. La transcripción consta de diez partes, según la división hecha por el mismo Bartolomé en el prólogo. De estos el más famoso es el segundo, Del glorioso patriarca Santo Domingo, donde son enumerados  catorce “modos de oración”, en lugar de los nueve, como en la tradición anterior; elementos nuevos se notan  a partir de la quinta parte, De lo pasado en esta vida y de la gloria del retorno eterno, y en el segundo apéndice, también se describe una aparición  de Santa Catalina de Siena (1461). En general el valor de la Vita es limitado. El estilo de Bartolomé no es literariamente valioso, ni elegante, es inferior al de su fuente principal, le Vitae fratrum de Gérard de Frachet, que a veces se traduce, resume o reduce con estilos personalísimos. El juicio de los estudiosos sobre la validez literaria de  su prosa no es unánime; también se discute la afirmación (hecha por él mismo en el prólogo), según la cual su libro de la Vida de los frailes predicadores representaría el primer intento de popularizar la obra de Frachet.

(2) Los modos de orar de Santo Domingo
Articulo di P. Pietro Lippini (†) in Dominicus 1999 / 4 / pp. 147-164
Los nueve modos de rezar normalmente conocidos
Son estos modos conocidos no solo en el ambiente dominicano sino también fuera de él como “Los nueve modos de rezar de Santo Domingo”. Yo mismo he participado en la divulgación y conocimiento, dando desde 1966,  en la primera edición de mi libro Santo Domingo visto por sus contemporáneos, una de las primeras traducciones a la lengua italiana,  está enriquecida con una introducción y una nota ilustrada, también en blanco y negro, con las miniaturas del  Códice Vaticano “Rossi 3”. Seguidamente informe de otro trabajo mío. Pero a una importante difusión contribuyó Fray Pedro Bianco,  responsable de la Oficina de libros Litúrgicos de la curia Generalicia en Roma, ya que en el año  1987, aprovechando una tradición mía al italiano, pudo divulgarse. Y se ilustró por primera vez a color las bellas miniaturas del “Rossi 3”, en primer lugar con un librito de pocas páginas – ahora reeditado con mi última traducción- y después con una serie de tarjetas postales rápidamente difundidas en todo el mundo dominicano. Y yo también en el último reporte y comentario al texto en la última y reciente edición del libro Santo Domingo visto por sus contemporáneos, he podido en esta oportunidad usar las ilustraciones a color.
El texto en latín de esta preciosa obra, nacida entra el 1260 y el 1288 en un ambiente seguramente boloñés, desde el inicio hubo una cierta difusión  en la Orden  y de aquella espiritualidad deviene uno de los textos clásicos.  Los boloñeses lo publicaron como el último capítulo de la Vida de Santo Domingo de Teodorico de Apolda. Pero en realidad no formaba parte. Tiene una tradición manuscrita propia, habitualmente ilustrada por preciosas miniaturas. Para compilarlo el ignoto autor ciertamente realizó un atento examen de textos fidedignos, sean de Sor Cecilia o sobretodo de aquellos textos de los cuales los religiosos – como narra Vida Fraterna -  habían velado por siete noches para descubrir  que hacía Nuestro Padre Domingo de noche, y el resultado fue que: “mientras rezaba, algunas veces estaba de pie, otras veces arrodillado o postrado en tierra, y continuaba rezando hasta que el sueño lo vencía. Despertándose, se dirigía a visitar los altares y esto lo hacía hasta la medianoche”.
Aunque en la actualidad son raramente imitados - estos Nueve modos de rezar de Santo Domingo – con más exactitud se podrían definir “ Las actitudes corporales de Santo Domingo en la oración” – otro aspecto que nos muestra es el conservar un gran valor histórico para el conocimiento de la personalidad y espiritualidad del Santo, pueden tener hoy también un actualísimo mensaje al mundo moderno en el cuál, se ha dejado el ascetismo, tan querido por los antiguos y que  tantos frutos de santidad dio a la Iglesia, se constata un creciente interés y una atracción, especialmente para  los jóvenes, por todas aquellas formas de oración de tipo oriental  en las cuales las actitudes corporales  tienen una gran importancia. Se puede decir que  en esto Santo Domingo fue un precursor. Exhorto por ello a nuestros lectores  a retomar de la mano de esta preciosa fuente  de espiritualidad – por el texto mismo y por el comentario histórico/espiritual puedan servirse de mi ya citada obra  Santo Domingo visto por sus contemporáneos -, y hacerlas objeto de sus meditaciones.
El precioso códice boloñés robado En Bolonia – como ya se ha dicho – tenía el original del opúsculo “Los nueve modos de rezar del Sto. domingo”.
Pero siempre en Bolonia, se siguió con fuerza el aporte de nuevos testimonios, y fueron compilando otra relación sobre las posturas  o maneras corporales de Santo Domingo cuando rezaba, y se le agregaron cinco a las nueve del opúsculo precedente, che por ello devienen en catorce.

Una reconstrucción en lengua vulgar, era conservada hasta no hace tantos años atrás en la  Biblioteca del convento de Sto. Domingo de Bolonia, en un códice del siglo XV,  del cual por fortuna tenemos la descripción dejada por Eugenio Theseider en el VII Centenario de Sto. Domingo,  sobretodo de Raimondo Creytens O.P. en su precioso estudio sobre Bartolomé de Módena. El también tuvo la fortuna de examinarlo antes del robo.


Se trataba de una pequeña miscelánea en pergamino de  12cm x 17 cm, que constaba de  150 hojas sin numerar originariamente, con una cubierta de madera. Estaba subdividida en 10 partes,  las primeras cinco, correspondían a aquellas de la Vida Fraterna, trataban de los orígenes de la Orden dominicana; las otras, más originales, narraban  la vida de San Pedro Mártir, de Sto. Tomás de Aquino, de  San  Vicente Ferrer y de Santa Catalina de Siena, para concluir con el listado de los Maestro de la Orden hasta el 24 de noviembre de 1470. El autor declara en el Preámbulo y asegura no haber inventado nada: “Y para que cada uno libremente me pueda corregir, me llamo misericordiosamente Fray Bartolomeo de Módena”.
En cuanto a la escritura material del códice mismo, se debe a la mano de una copista dominicana, Sor Dominga  Recarco de  Verona, que lo copió en el monasterio de San Vicente de Mantua.
De este códice a nosotros nos interesa sola la segunda parte, que tiene por objeto a Santo Domingo, y más precisamente las páginas 37r-42r – en las cuáles el autor trata  De la eficacia y de los modo de la oración de Santo Domingo”,  enriquecidas con las 14 miniaturas, quizás también se las debemos a la copista Sor Dominga, que ilustran varias actitudes que Santo domingo asumía durante la oración.
De esas miniaturas,  por mí vistas por última vez antes de ser transferido a Venecia en el año 1966, recuerdo el efecto agradable que ellas me daban por la vivacidad de las escenas y los colores y la gran ventana abierta  como fondo de la escena, enmarcada en una cornisa dorada que daba la posibilidad  de distinguir el cielo. Recuerdo en una de las 14 escenas la infaltable cruz dorada apoyada sobre el altar cubierto con un mantel, el cual tenía en el frente un monograma o una sigla diferente. Recuerdo la estrella rosa siempre por encima de la cabeza del  Santo y los colores más claros del ángel que siempre lo acompañaba, ofreciéndole cada vez una ofrenda distinta.
Por  fortuna poseo ahora las fotografías tomadas por un hermano, las cuales – aunque sean en blanco y negro y no de una perfecta calidad – pueden dar la lector una idea de cómo eran las miniaturas de las cuales se sirvió Fray Bartolomé de Módena para ilustrar las 14 maneras de orar de Santo Domingo, descriptas en el opúsculo que él popularizó.
En cuanto al texto, no habiendo permanecido el  escrito en latín en el cuál ciertamente Bartolomé se inspiró, y por otra parte siendo fácilmente compresible el dialecto Emiliano en el cuál escribe, para facilitar la lectura he preferido traducirlo al italiano corriente, remitiendo al ya citado texto de  Theseider a quién desee leerlo en original. En cuanto a los textos de la Sagrada Escritura que se citan, prefiero la traducción de la Vulgata, en uso en tiempo de Santo Domingo, porque traduce mejor el pensamiento. Para una mayor comprensión, agregué, en cursiva, después de cada uno de las 14 maneras descriptas por Fray Bartolomé, una breve explicación al texto.
El contenido de este texto que intento proponer a nuestros lectores, debo admitirlo, es ciertamente más pobre de aquel de las Nueve maneras del Códice “Rossi 3”, del cual dependen abundantemente las otras, aunque uno y otro ricos de interesantes puntos originales. Aunque sus miniaturas, ciertamente superiores a  aquellas en blanco y negro del códice de Madrid, a mi me parecen menos valiosos que aquellos del códice del “Rossi 3”. Será el lector, haciendo el confronte ya sea con el texto o con las miniaturas, quien me releve de encontrar las diferencias He deseado, sin embargo, dar a conocer este texto de menor – ya que después del robo se pierde su recuerdo -, y será por el Padre  Abele Redigonda, un apasionado de mucho tiempo por el argumento, quien nos da una edición más crítica y completa.

(3) Reencontrado después de 26 años un manuscrito del año 1470
Articulo di P. Angelo Piagno in Dominicus 2004 / 3 / pp. 171-173
El  5 de octubre de 1977 varios periódicos hablaron de la desaparición de la biblioteca de Sto. Domingo en Bolonia, de un precioso manuscrito del año 1470, escrito por el fraile dominico Fray Bartolomé de Módena, titulado Vida de los Frailes Predicadores.
El texto, formado por 150 páginas sin numerar, fue transcripto por la monja Sor Domingo de Recarco, veronense, del monasterio de San Vicente en Mantua.
El manuscrito tiene  impresas 14 miniaturas, obras de la monja, que representan las formas conocidas de rezar de Santo domingo. Cinco modos de rezar en concordancia con el manuscrito, il  Codex Rossianus 3,  de otro autos anónimo del siglo  XIV o XV que se encuentra en la Biblioteca Vaticana. Tal códice, redactado en lengua catalana, presenta 9 modos de rezar, de forma más precisa y menos repetitiva.
El manuscrito robado se encontraba expuesto al público, en una vitrina de la Biblioteca Patriarcal.
La denuncia al coronel Ricciardi, comandante del núcleo de la policía  judicial de los Carabineros, llega con un cierto retraso. De hecho el  P. Lorenzo Celeghin, subprior del convento en aquel tiempo, se acordó de la falta de la obra ya a fines de julio, pero non constatando ninguna fractura en la vitrina, pensó que lo había tomado algún fraile. Trascurrido el tiempo y sin hacerse la debida búsqueda, se concluye que fue robado.
La investigación de los carabineros concluyó que era fácil abrir la vitrina. A ellos les fueron consignadas las fotografías de las miniaturas, para enviarlas a la Central de los carabineros para la tutela del patrimonio artístico de Roma.
La pérdida de la obra, más que por su valor venal, indefinible, más bien el valor era afectivo e histórico. Se temía que las miniaturas fuesen cortadas y vendidas a uno o más coleccionistas.
Ahora el reencuentro  se logró gracias a la ardua tarea realizada por la benemérita  Institución de los Carabineros.
De hecho a fines del año 2003 los Carabineros  hicieron una inspección en la ciudad de Trieste, por otros motivos, y en manos privadas después de 26 años del robo del manuscrito, presentan el contenido y dan aviso del hallazgo.
Concluido el trámite burocrático el  20 de enero del  2004 dos carabineros del Comando de Carabineros de la Tutela del Patrimonio Cultural de la Central de Florencia - el Vice Brigadier Luca Sasdelli y un colega – devueltos a la biblioteca de St. Domingo la preciosa obra. No podemos más que dar las gracias de corazón  a todos los que han contribuido al final feliz.

LOS  14 MODOS DE ORAR DE SANTO DOMINGO
Según  Bartolomé de Módena (1470)
Primer modo
Inclinado profundamente
 Texto de Bartolomé de Módena
Los santos doctores, cuando  tratan de la oración, no dan una exacta definición, no especifican los diversos actos que el hombre puede realizar en el curso de ella, pero como ejemplo, aquellos que realizaba Santo Domingo los consideran una gracia particular: acciones que no se podrían ciertamente exigir si no existía la devoción. Yo digo que estas acciones exteriores, pueden enfervorizar el ánimo del que ora.
El  Santo era tan asiduo y habituado a cumplirlas, que el movimiento exterior de sus miembros demostraba el gran fervor de su espíritu. Así que era necesario apartarse por un cierto tiempo y rezar solo y no participar de la Misa Conventual, atento que no podía contener  el llanto y los gemidos que le venían del corazón.
Por eso, a los gestos usuales que Domingo cumplía cuando con suma devoción celebraba la Misa, oraba en secreto de manera distinta, que fue descubierta cuando aquellos primeros frailes  por curiosidad los espiaron o lo estaban acompañando.

1. Su primera manera de rezar era esta: Rezaba inclinado profundamente, con las manos  cruzadas sobre las rodillas, este modo es el que se usa en el coro, cuando se dice la Sma. Trinidad: «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo». Y enseñaba a sus frailes a hacer lo mismo,  sirviéndose de aquello dicho por Judith: « Siempre te gustó a ti, oh Dios la oración de los humildes y mansos» (Jdt 9,16). 
Comentario
Este  primer modo de orar -  que aunque el Códice  “Rossi 3” y aquel catalán conservado en Madrid (seguidamente los indicaremos respectivamente  como R e M) lo ponen como primero – en la liturgia dominicana  y se denominaba inclinación profunda y se cumplía inclinando el tronco hasta apoyarse los brazos cruzados sobre la rodillas. La Constitución (1,1) le ordena a los frailes a su primera llegada al coro,  en el rezo del Gloria al Padre  en el oficio, como en el primer Oremos de la Misa y en aquellos de las Horas menores o en otra particular circunstancia. En M la descripción de este primer modo de rezar es dejada únicamente a la miniatura, en R el texto que le sigue es mucho más rico.
Segundo  modo
Tendido en el suelo con la cara en tierra y los brazos abiertos en cruz


Texto de Bartolomé de Módena


2. El segundo modo consistía en rezar completamente tendido en el piso, con los brazos abiertos en cruz y la cara en tierra, es decir con la frente en el piso, casi se sentía indigno de mirar al cielo.
Es, como si se avergonzara de la Majestad Divina, repetía humildemente como el publicano: «Oh Dios, ten piedad de mi que soy un pecador » (Lc 18,13).Y agregaba como   David: « Yo soy aquel que ha pecado. Ninguno te ha ofendido más que yo. Yo solo merezco ser sancionado. Yo solo he cometido iniquidad» (Sal 50,5 e Sal 24,25). Decía también: « Yo no soy digno de mirar al cielo a causa de la multitud de mis pecados, porque he provocado tu ira y he obrado el mal contra vosotros” (Sal 43,26), y también: «Yo estoy postrado en el polvo y mi cuerpo extendido en tierra…dame vida, oh Señor, según tu palabra» (Sal 118,25).
Como le sucedía en cualquier de los otros modos – lloraba amargamente, como si sus ojos se convirtieran en torrentes de lágrimas.
Comentario
El texto se basa en el códice  R. Difieren las miniaturas aquí como también en M., la posición del  Santo reproduce con total precisión la posición  que el novicio asume en la ceremonia de su profesión cuando pide la misericordia de Dios y de la Orden, extendiéndose  sobre el piso con los brazos abiertos en cruz. En  R, el Santo está extendido  en el piso con las manos juntas, mientras besa humildemente el suelo.
Tercer modo
Arrodillado e inclinado con las manos juntas sobre su rostro

Texto de Bartolomé de Módena

3. El tercer modo consistía en  orar  arrodillado e inclinado, teniendo las manos juntas sobre su rostro.
Y decía un salmo de David: «Vengan, aplaudamos al Señor, aclamemos a Dios nuestro Salvador, acerquémonos a Él para darle gracias y aclamarlo con salmos, porque grande es Dios el Señor es el más grande de todos los dioses» (Sal 94,1-3).
Y enseñándoles esto a sus frailes, les  exhortaba a rezar a Cristo, tomando como ejemplo a los Reyes Magos.
                                                                                                    Comentario
Este  tercer modo de rezar  de Santo Domingo es original del Códice boloñés, aunque la invitación a imitar a los Reyes Magos la encontramos, en forma más expresa en códice  R, en la descripción que viene hecha del segundo modo de orar.
Cuarto modo
De pie con las manos abiertas y mirando al crucifijo.  
Texto de Bartolomé de Módena
4. El cuarto modo consistía en orar con el cuerpo erecto y con las manos abiertas y la mirada fija en el crucifijo.
Y decía con David: «Ilumina, oh Señor, a mis ojos, a fin que no duerma de muerte y no diga mi enemigo lo vencí » (Sal 12,4-5).
Comentario
Esta forma de orar se corresponde  a quinta de los códices  R y M.
En la  miniatura se nota al ángel  que tiene en la mano un gran lirio, uno de los atributos del Santo, alusivo a su virginidad.
Aunque en los textos y en las miniaturas de los dos códices R y M, las posiciones de las manos del Santo  tienen una particular evidencia, pero en el códice Boloñés, que multiplica la postura – es esto lo que explica porque los modos de orar se elevan a catorce –  es incluso más evidente, tanto en esta como en las siguientes miniaturas, que asume una mayor importancia a las mismas palabras, porque con las manos a veces se  puede expresar sentimientos que con palabras no siempre logramos exteriorizar.
Quinto modo
La triple flagelación nocturna
 Texto de Bartolomé de Módena
5. La quinta manera era esta. Tres veces cada noche  se disponía con el torso desnudo y con una  con una cadena de fierro a flagelarse  duramente: una vez por los propios pecados, la segunda por los pecadores del mundo y la tercera por las ánimas del purgatorio.
También llevaba puesta en su cintura una cadena de hierro.
Entonces decía aquellas palabras de David: «Tu disciplina, oh Señor, me enseñará, tu disciplina me corregirá hasta el final» (Sal 17,36), aunque se, por lo que he podido aprender por la lectura asidua y atenta de su vida, que él nunca cometió un pecado venial grave y  el pecado mortal siempre estuvo lejano.
Comentario
Este quinto modo de orar se corresponde al tercer del códice R y de M.
Pero aquí el texto agrega la particularidad del el Santo se flagelaba 3 veces cada noche por 3 intenciones diversas y que usaba  en la cintura sobre  la piel una cadena de hierro: en la miniatura no solo se la muestra, sino que resalta  que se flagelaba con una cadena.
Que Santo Domingo se flagelaba cada noche, está confirmado por  Constantino (Leyenda, 61) y la particularidad de la cadena de hierro se encuentra confirmada en la historia de Fray Rodolfo de Faenza, el cuál  afirma  haber retirado personalmente  apenas fallecido el Santo, la cadena di hierro que siempre llevaba en la cintura, en un primer momento la poseyó y después la consignó al Maestro de  la Orden  Fray Jordán. (Acta de Bolonia, 31).
Sexto modo
Arrodillado con el rostro en tierra y los brazos abiertos
Texto de Bartolomé de Módena
6. El sexto modo de orar era éste. Estaba  arrodillado, inclinado con el rostro a tierra, con los brazos abiertos,  haciendo mucha violencia, con gran fatiga, con todas sus fuerzas de su cuerpo en este modo.
Y ahora decía: «De lo profundo te grito a Ti, Señor; Señor escucha mi oración. Deja tus oídos atentos a la voz de mi plegaria. Si Tu, oh Señor, consideras la iniquidad, quien podrá subsistir?» (Sal 129,1-3).

Comentario
Se ve en la miniatura al ángel que lleva una antorcha encendida. Podría tratarse de una variante de la antorcha que se convirtió después,  en el símbolo de la Orden, soñada por la madre de Santo domingo cuando todavía estaba embarazada (Libellus de initio Ordinis, 5).
La cita del Salmo 129, representa  la recuperación del cuarto modo de orar de  R, podría también pensarse que este sexto modo de orar del códice boloñés se refiere a aquella. En realidad, después de aludir a la oración que Santo Domingo hacía arrodillado, se detiene en hablar de las habituales repeticiones de sus genuflexiones  y la miniatura que la ilustra se desdobla y muestra la figura  del Santo en dos momentos distintos, primero arrodillado y después de pie. Texto y miniatura de  nuestro códice parece más interesada en entender la actitud de los brazos. Tratará  de sus genuflexiones en el octavo modo de orar.
Séptimo modo
De pie con los ojos dirigidos al cielo

Texto de Bartolomé de Módena
7. En el séptimo modo  mientras oraba estaba completamente erecto, alzando un poco los ojos hacia el cielo, en esta manera, como cuando mostro al diablo con forma de un gato grande
Pero sus compañeros no podían oír lo que decía. Refieren que él tenía una gran compostura.

Comentario
Fray Bartolomé alude aquí a la circunstancia prodigiosa de la conversión de la herejía de aquellas nueve mujeres de las que hablaba la testigo Berengaria en las Actas del proceso de  canonización  del Santo (Acta de Linguadoca, 23)  y sobre cuyas particularidades abunda Constantino (Leyenda, 48-49). Para la interpretación de aquella historia, cf. Lippini P., S. Domenico visto dai suoi contemporanei, ESD, Bologna 1998, pp. 511-512, nota 128.
Octavo modo
La genuflexión
  
Texto de Bartolomé de Módena
8. El octavo modo de orar consistía en orar  genuflexionando,  es decir multiplicando las genuflexiones, no solo haciendo cien por noche  como leímos del apóstol Bartolomé, y algunas veces continuaba haciendo desde la tarde hasta  la medianoche.
A veces estando, arrodillado reposaba y se quedaba largo tiempo casi atónito y extasiado, como un querubín que había penetrado en el cielo, mostrándose todo feliz y pleno de alegría. Después de haber estado en tal modo y sentirse recreado por Dios, volvía a las genuflexiones, a las cuáles era totalmente habituado por el largo ejercicio, durante sus viajes cuando sus compañeros descansaban, el continuaba devotamente  haciéndolo, como si se tratara de su arte, de su hábito y naturaleza, o su singular deber. Y decía: «A Ti, oh Señor, he elevado mis ojos, a Ti que habitas en los cielos: he aquí que mi alma en Ti confía» (Sal 122,1) u  otra oración similar.
                                                                                                    Comentario
Las alusiones a las genuflexiones hechas del apóstol Bartolomé, de cuya vida bien poco se sabe, y por lo tanto es legendaria. En cuanto al resto, la dependencia de R, cuarto modo, es evidente.


Noveno modo
De pie y con diversas posiciones de las manos

Texto de Bartolomé de Módena
9. El noveno modo de orar era éste. Rezaba teniendo  las manos alzadas delante del pecho, a semejanza de un libro abierto. Otras veces las unía a la manera en la cual comúnmente se la pinta a la Virgen María cuando llora a su hijo crucificado a los pies de la cruz, y  otras veces con los  brazos abiertos hasta los hombros. Estos tres modos aparecen en las tres figuras de la miniatura.
Y permanecía de pie en actitud de admiración como si esperase  una respuesta a su solicitud, o como hacen  los que hablan y responden juntos. Según refieren los compañeros del Santo, aquellos que lo veían, les parecía ver a un profeta al cuál Dios le estaba revelando silenciosamente grandes secretos, o le estuviera hablando de algún misterio como a un ángel. Para poder rezar en este modo cuando viajaba, a veces “les robaba el tiempo y el lugar” a sus compañeros, dejándolos solos, pero después se reunía con ellos y como si fuese otro, hablaba de Dios y de su acción providencial.
                                                                                                    Comentario
El texto es inspirado en gran partes en el sexto modo de orar de R, del cual toma la expresión “les robaba el tiempo y el lugar”,  para hacer notar que el Santo tomaba el modo de apartarse para rezar.
La miniatura presenta a Santo Domingo en tres momentos distintos y para entender que las 3 figuras reproducen tres actitudes distintas  del Santo orando, se las consignó con la inconfundible estela, distintivo  iconográfico de él. En cuanto al  ángel, no hay lugar para representarlo libre en vuelo, se lo ha colocado detrás de la gran ventana, desde la cual se muestra su graciosa figura, teniendo un lirio.




Decimo modo
De pie con los brazos abierto en cruz
 Texto de Bartolomé de Módena
10. El decimo modo de orar era con el cuerpo completamente erecto, teniendo los brazos abiertos como el Salvador en cruz.
Sin embargo, usaba este modo de orar cuando le pedía a Dios cosas grandes. Y persuadía a los otros de no  usarla salvo para demandas difíciles. Entonces decía con David: «Te llamo todos los días, oh Señor, y para Ti extiendo mis brazos » (Sal 87,10), u otra oración similar.
                                                                                                    Comentario
Mientras M reporta este modo  de oración en el séptimo modo, R lo reporta  en el sexto, donde explica los casos en los que santo Domingo recurrió a este actitud de los brazos abiertos (resurrección en Roma del joven caído del caballo, salvaje en Tolosa de algunos peregrinos que estaban por ahogarse) e insistía mayormente en decir que él exhortaba, pero no prohibía a los frailes de imitarlo en este modo: después se hizo la  liturgia dominicana prescribiendo al celebrante de extender los brazos en forma de cruz inmediatamente después de la consagración de la Misa.


Undécimo modo
En punta de pie con las manos apuntando a lo alto como una flecha
Texto de Bartolomé de Módena
11. El undécimo modo consistía en orar alzándose en puntas de pie teniendo  las manos alzadas  y juntas sobre la cabeza, como  una flecha lanzada con fuerza al cielo.
No permanecía mucho tiempo en esta posición, pero después de un tiempo volvía en sí, como si  hubiese regresado después de un largo tiempo y de un país lejano y como si fuese un ciudadano peregrino del cielo. Y fue escuchado decir: «Escucha, oh Señor, la voz de mi oración, mientras te ruego levanto las manos hacia tu templo. Lleguen hasta tu rostro mi oración, y se eleven mis manos hacia ti como un sacrificio vespertino » (Sal 140,1-2). 
Comentario
Este décimo modo de orar (séptimo en R y M) manifiesta la inventiva de Santo Domingo en la manifestación externa de su profunda piedad.
Esta actitud suya en la oración es desconocida tanto  en la tradición bíblica como en los primeros cristianos. En cambio es un gesto común de respeto en la India, donde para saludarse se  conectan las palmas de las manos una contra la otra y se alzan más o menos según la dignidad de la persona a la cual se intenta rendir homenaje. Cuando se  dirigen a la divinidad viene añadido alzar también la cara.
Bella analogía de la flecha lanzada hacia el cielo – que se retoma de R-   para expresar  esto el miniaturista se vio obligado a sobrepasar el techo dorado que termina la escena. Se nota al final al ángel que tiene la cadena con la que el Santo podrá  disciplinarse.

Duodécimo modo
Teniendo  un libro adelante suyo (lectio divina)
Texto de Bartolomé de Módena
12. Como duodécimo modo, después de haberse hecho la señal de la cruz el Santo oraba teniendo un libro delante de él, leyendo en él como si estuviese hablando con Dios con mucha atención.

Veneraba mucho aquel libro, inclinándose lo besaba Algunas veces distraía de él su cara, mientras lo ponía entre sus manos y lo sostenía delante de su pecho como un escapulario. Y luego, lleno de afecto, como si le diese las gracias a una persona por los beneficios recibidos, se alejaba del  libro haciéndole una reverencia. Se inclinaba después de eso y sereno volvía a leerlo
Comentario
Este duodécimo modo de orar  presenta a Santo Domingo en lectura, de pie, con un libro en la mano; mientras que en  R y M,  tanto en la descripción del texto como en las bellas miniaturas, lo presentan sentado, delante de un escritorio.
                            
Trigésimo modo
Arrodillado
Texto de Bartolomé de Módena


13. Como trigésimo modo, aunque no muy seguido, oraba  de rodillas.
Entonces se los escuchaba decir: «Escucha, oh Señor, mi oración cuando te rezo a Ti y libera mi alma del temor de los enemigos ». Y, como si se le hubiere concedido, alegre agregaba: «Tu me has defendido de la conjura del maligno y de la multitud de aquellos que obran la iniquidad » (Sal 63,1-2).
                                                                                                    Comentario
Se debe notar que el miniaturista en esta ocasión, coloca un ángel que le trae al Santo una corona real, y también representó sobre la derecha en alto un diablo negro, con una gran piedra entra sus garras. Y una segunda piedra – de hecho, la misma – pero ahora en el piso, sobre la izquierda del Santo, casi representado la continuación de la escena: el diablo que está lanzando la piedra para golpear al Santo Domingo y la piedra, está ya tirada en el piso a un costado sin haberlo lastimado.
La escena se refiere al episodio narrado en la Vida de los Frailes (Historia y leyendas medievales de Geraldo di Frachet, ESD, Bolonia 1988, episodio 99) en la cual se lee que el diablo, para perturbar  a Santo Domingo en su oración, le había lanzado con violencia desde el techo de la iglesia una piedra,  que le cae al lado rozándole la capucha, y como el  Santo se perturbó, el diablo se fue humillado. El hecho – que se relata y que confirma Bartolomé de Trento – habría sucedido en  Roma en el año 1220 (Mamachi XXI, 575-576). Hasta el año  1586 - año en el cual se rehízo el piso de la Basílica – en  Santa Sabina se mostraba en el viejo piso el  lugar donde había caído la gran piedra negra, en forma de esfera aplastada, que el diablo había lanzado contra el Santo (Berthier J.J., L’église de Sainte-Sabine à Rome, 277-280). La piedra es todavía visible, no lejana al ingreso de la nave central.

Decimo cuarto  modo
Haciéndose flagelar por otro fraile

Texto de Bartolomé de Módena
14. En el decimo cuarto modo él rezaba despojado el torso y arrodillado, haciéndose flagelar por otros fraile, según lo que relata el fraile español que fue uno de los examinadores,  o sea  el delegado del Papa en el proceso  de la canonización del Santo Domingo.
El mencionado fraile refiere que mientas  era disciplinado, rezaba teniendo los brazos doblados y diciendo el salmo: «Misericordia mi Dios, por tu inmensa  bondad  borra mi culpa» (Sal 50). Y yo creo que por este motivo, por poder imitar la penitencia de nuestro Padre,  se ha introducido en  nuestra Orden la  costumbre por la cual en un cierto tiempo un fraile disciplina a todos los reunidos.
Se debe hacer notar, que en cualquier modo de rezar que usare  Santo Domingo, siempre lloraba y derramaba abundantes lágrimas y siempre obtenía aquello que pedía. Y no interrumpía su oración por ningún impedimento o perturbación.

Comentario
El fraile español, que Fray Bartolomé cita aquí, es Fray Juan de Navarra, que fue en Bolonia uno de los testigos del interrogatorio de los comisarios papales en el proceso de canonización de Santo Domingo.
Delante de ellos se hizo esta declaración: «Fray Domingo se hacía disciplinar o se disciplinaba él con una cadena de hierro tripartita. De esto se corría la voz entre los frailes y se escuchó de los frailes que  lo habían disciplinado » (Acta de Bolonia, 25).
Y decía: «Escucharé aquello que  me dice el Señor» (Sal 84,9). Después parecía que discutía con un compañero, interrogándolo y respondiéndole, unas veces alterado, otras veces sereno, riendo, llorando, fijando su mirada en el libro o alejándolo, golpeándose el pecho o  hablando en vos baja.