domingo, 27 de noviembre de 2011

Vivimos en una cultura que...

 A DÓNDE IR
Vivimos en una cultura que se caracteriza de manera muy particular, por la decadencia de valores morales; donde el “consumismo” y el “egocentrismo” son cada vez más los pilares de la juventud y, por supuesto, la rebeldía como algo infaltable; entre ellos encontramos a la mayoría de los jóvenes que son rebeldes sin causa, ya que se centran en exigir sus derechos y se olvidan de sus obligaciones.
Como consecuencia  de todo esto el mal uso de su libertad;  pasando a un segundo plano la libertad verdadera que ofrece Jesucristo: “…conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres” (Jn.8, 32.33); de este modo, la libertad que nos ofrece Jesucristo se convertirá en libertinaje.
Como producto de este libertinaje encontramos a jóvenes despistados sin rumbo alguno, malgastando sus valiosas etapas de su vida, sumergiéndose en el mundo de las drogas, alcoholismo, sexo, etc. Mi pregunta es, ¿que tipo de personas serán mas adelante? Es algo lamentable el solo hecho de pensar, pero también cabe resaltar que muchos jóvenes saben escoger entre lo bueno y lo malo, a pesar de que vivimos en una cultura Light, y el “facilismo”: donde todos quieren engañar y nadie quiere ser engañado.
Pues es una alegría que no se dejen arrasar por todo lo malo, aunque el resto los consideren como personas que no están con la nueva era, les ven como bichos raros. Alegraos pues porque esos pocos son los verdaderos sabios y los verdaderos herederos del cielo, porque saben lo que eligen y aman lo que hacen,  porque hasta el Hijo de Dios fue considerado como loco por decir la Verdad. Jesús tenía razón en afirmar: “ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición y son muchos los que por ella entran. Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva  a la vida y cuán pocos los que dan por ella”. Y como elección de lo bueno nos da la recompensa, en las bienaventuranzas, que son un LLAMADO hacia la perfección, y a la ESPERANZA  para quienes lo cumplen; ya que la esperanza es la hija de la fe y la caridad es la hija de la esperanza.
Estos pocos son los verdaderos rebeldes porque hacen lo que más les cuesta hacer y dejan de hacer lo que más les gusta hacer (satisfacer sus necesidades pasajeras).
Entre ellos hay un grupo muy reducido, que es escogido de manera muy especial por Dios, para entregar sus vidas por completo al servicio de su amado.
El llamado que sentimos los jóvenes en lo más recóndito de nuestro ser, para seguir a alguien que te pide que seas cada día mejor y que busques la perfección de alguna u otra manera y que tu amor no quede redundado entre Dios y tu, sino que sea fruto para dar a los que no tienen y no conocen a Dios, ósea nos llama para ser sus mensajeros entre Él y los  hombres; un claro ejemplo: tenemos a santo Domingo que nos dice “contemplata allis traedare”.
Teóricamente esto suena interesante y decimos esto es mío, es lo que estuve buscando. Y ese fuego pequeño que arde dentro de nosotros se hace aún más grande y nos impulsa a cambiar de dirección, y nos abrimos un nuevo horizonte donde apreciamos el lugar endémico que tanto anhelamos llegar; de inmediato con el impulso del Espíritu Santo, remamos mar adentro en busca de nuestro tesoro.
Pero al momento de partir sentimos el primer golpe de la elección, ya que tenemos que abandonar todo, así se repite la historia del joven rico que le pregunta a Jesús. “…Maestro bueno que he de hacer para alcanzar la vida eterna…” (Mc 10,17). Preguntándole y escuchando su repuesta le dice: “una cosa te falta, vete vende cuanto tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, luego VEN Y SIGUEME”.
Así como el joven muchos no quieren desprenderse de sus bienes, de sus planes y de sus hogares,  prefieren quedarse en la orilla.
Pero somos muy pocos los que subimos a la barca a pesar de que nos duela abandonar lo que tenemos, y en muchas ocasiones ni siquiera aceptan nuestros padres; pero Jesús dijo “el quien quiera venir en pos de mi, niéguese así mismo tome su cruz y sígame”. (Mt. 16,14). Fieles a la invitación que Dios nos hace nos abalanzamos.
Los que logramos subir a la barca tenemos una peculiar característica de que de inmediato queremos remar mar adentro, queremos avanzar lo mas rápido posible ya que queremos experimentar de pleno la misión que Dios no llamo. Sin darnos cuenta de que hasta Jesucristo siendo Hijo de Dios, avanzó pacientemente hasta llegar a una edad madura para dar a conocer el reino de su padre y al mismo tiempo hacerse conocer como Dios. Con esto no quiero negar la divinidad de Jesucristo dividiéndolo en etapas, porque en el evangelista San Lucas nos cuenta, que Jesús cuando tenia 12 años, sus padres le llevaron a Jerusalén en la fiesta de pascua, acabada la fiesta sus padres pensando que estaba en la caravana, se fueron buscando y preguntando a sus familiares, luego de buscar desesperadamente volviera a Jerusalén, después de 3 días le hallaron en el templo en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles (Lc 2,40.47), solo quiero mostrar que Jesucristo fue tan humano como nosotros y verdaderamente Dios. Pues no solo bastó que llegara a una edad adulta, sino que para iniciar con su vida pública se internó durante 40 días en el desierto. (Lc4, 1.13).para demostrarle a su padre de que nadie podía desviarle de su misión.
El echo de ponernos una venda por las ansias de ser ya (sacerdotes o monjas), no nos permitió ver que en el barco había más personas, de alguna manera nos alegramos porque vamos a tener compañía en nuestro viaje, y tendemos a tratarnos como héroes que sobrevivimos y nos esforzamos en llevarnos bien, hacernos amigos de todos y pasarlo todo chévere, todo lo vemos como bueno, pese a que este mal, como no queremos discusiones lo tomamos como bueno, nos convertimos en avestruces que metemos la cabeza debajo de la tierra, pero también hay los leones que se creen los reyes aprovechándose de la inautenticidad del otro que no le dice nada.
Y sin que nos demos cuenta de que el volcán que supuestamente lo dejamos en la orilla esta apunto de estallar; en realidad lo que hicimos fue hacerle dormir, y ahora se va despertando con cada golpe que recibimos, y los rencores que estuvimos guardando dentro de nosotros.
Seguramente no escuchamos algo muy importante, en la invitación que Jesús nos hizo. “…toma tu cruz y sígueme”. (Mt. 16,24.25). Lo que escuchamos solo fue SIGUEME. A consecuencia de esto he escuchado decir a muchos que mi vida va cambiar estando acá en el convento, voy a ser distinto-a; esto es el error mas grande, por que el ser humano no cambia, puede mejorar, menos puede desaparecer nuestro pasado, porque en nuestro pasado se encuentra el proceso de nuestra formación como personas que somos, que nos hace distinto de los demás. Así como la cebolla, cuanto más grande es,  tiene más capas; es casi similar con los hombres, sus años vividos lo han moldeado, por eso cada cicatriz es parte de nosotros y parte de nuestro pasado, que viene a ser un  misterio para los demás. Nuestra vida es una constante superación de nuestro pasado.
Si nos damos cuenta nuestro barco está a punto de explotar, por que va cargado de volcanes activos, a esto lo llamo bomba de tiempo.
Uno de los principales motivos para que nuestro barco se convierta en bomba de tiempo es que nosotros los tripulantes, no nos hemos dado a conocer tal y como somos. Ya que nuestra relación es a través  de máscaras idealizadas de nuestro yo real, y por el mismo hecho de que nunca hay  verdadera comunicación y, si lo hay, es una comunicación comprometida, con la finalidad de no caerle mal, de esa manera nos engañamos más y sobre todo que  hemos cambiado, y nos convertimos en víctimas de los que se aprovechan; creyéndonos santos o mártires.
Acá viene a tallar un aspecto muy importante, que los problemas o defectos que vemos en nuestros hermanos, muchas veces es el reflejo de nuestros propios problemas.
Esto se da a conocer en nuestras relaciones diarias, por el mismo hecho de que vivimos en un ambiente casi público, donde todo es de todos sin ser de nadie; donde existen personalidades, culturas, caracteres, distintos; sobre todo, porque cada uno de nosotros, somos personas con diferentes personalidades y muchas veces preconcebidas  con las que siempre solemos relacionarnos, y estando acá encontramos personas distintas a nuestra concepción mental y, a de primera vista, nos ponemos en el camino,  una barrera que dificulta las relaciones.
Por lo tanto es necesario ser auténticos, mostrarnos con nuestras dificultades y nuestros talentos. Y la única manera eficaz de encontrar nuestras dificultades y nuestros talentos, es navegando hacia nuestro mundo interior.
A muchos de nosotros nos da miedo enfrentarnos a nosotros mismos, nos da miedo destapar la caja de nuestro pasado, solamente, así podremos descubrir en realidad quiénes somos y en realidad qué es lo que buscamos.
 Es necesario crecer bebiendo del pozo de nuestro pasado, para conocernos y darnos a conocer tal y como somos, y ser un verdadero instrumento de Dios; un claro ej: tenemos el proceso de desarrollo de los árboles; ya que desde el momento en que es plantado en la tierra, lo primero que desarrolla son las raíces, que penetran a lo más profundo de la tierra, en busca de aguas subterráneas para que no se muera en tiempo de sequía, y en la medida que las raíces están creciendo, se va desarrollando como árbol, adquiriendo tallos, hojas y así se convertirá en un árbol frondoso y en el hogar de la aves.
Antes de empezar a remar mar adentro, es necesario reparar nuestro barco personal y el barco comunitario.
Hijo  mío,  si te das al servicio de Dios, prepara tu ánimo a la tentación. Ten recto el corazón y muéstrate firme, y no te dejes arrastrar al tiempo de la adversidad. Adhiérete a Él y no te separes, para que tengas buen éxito en tus postrimerías.
Recibe todo lo que te sobrevenga, y ten buen ánimo en las vicisitudes de tu humillación. Pues el oro se prueba en el fuego, y los hombres gratos a Dios, en el crisol de la humillación. Confíate a Él y te acogerá, endereza tu camino y espera en Él (Ecl. 2.6).