sábado, 26 de noviembre de 2011

ACTITUD CONTEMPLATIVA DEL ACOMPAÑANTE

Otra característica importante de quien acompaña desde lo psico-histórico-espiritual, es la actitud contemplativa que brota de la experiencia de la gratuidad de quien sabe reconocer que las cosas no son producidas por sí mismo(a), sino que son recibidas.
La experiencia de la gratuidad que permite la actitud contemplativa, nace en quien acompaña desde lo psico-histórico-espiritual, de la conciencia de descubrir toda la fuerza del inconsciente: “…todo lo que había en mi inconsciente negativo y positivo, y yo no lo sabía. Así ha sido mi proceso. Yo no sabía de mi pozo, yo no sabía de mi herida, yo no sabía mi consigna, yo no sabía todo lo que había en mí…”. Es decir, contemplar con asombro y gratitud lo que ha sido el propio crecimiento personal, dispone al(a) compañero(a) a asumir esta actitud contemplativa-admirativa ante la otra persona, siempre a la expectativa de todo lo que puede brotar desde dentro de ella misma. Y es esto lo que catapulta a la experiencia de la gratuidad.
El compañero, la compañera psico-histórico-espiritual sabe ser expectante, sabe hacer presencia serena ante el ritmo del proceso de la persona que está acompañando. No es ansioso(a), no se precipita, no presiona los ciclos, sabe esperar, sabe ser activamente pasivo(a).
Y esto le es posible porque ha experimentado en sí mismo(a) la gratuidad de quebrarse, de darse, por la persona que acompaña sin esperar respuesta, y por tanto, acoge la reacción de quien es acompañado(a) como don que supone lo inusitado porque no sabe cómo va a responder, apareciendo siempre cosas inéditas. Es la actitud contemplativa que permite el asombro ante el fruto de lo sembrado “al aire”, pues éste siempre será sorpresa, rompiendo el esquema causa/efecto, donde quien acompaña sea la causa.
Esta actitud contemplativa se nutre de reconocer en el dolor de la otra persona a Cristo sufriendo en la humanidad de hoy. Siente- pero como regalo-, no sólo sabe que Jesús está realmente en quien sufre, y lo sabe reconocer y contemplar también –eso es lo específico- en la persona que está acompañando.