viernes, 10 de diciembre de 2010

COMUNIDAD FRATERNA

COMUNIDAD FRATERNA
Lo que daña a la Comunidad, e inclusive la destroza es el pensar negativamente y el juzgar. Esto presupone ya una intención negativa, desconfianza, celos, envidia, juicios apresurados sobre un hermano o hechos como también divulgar sus faltas. Todo esto envenena la atmósfera en la Comunidad.
Nuestra Vida Fraterna en Comunidad, es el primer y más importante testimonio de Cristo que podemos dar en el mundo de hoy. Ésta es creíble, sólo en la medida que practiquemos la Caridad, con la mirada permanente en Jesús y en el esfuerzo de hacer nuestros sus sentimientos. Tenemos que aceptarnos y amarnos como Él nos amó. Nuestro comportamiento frente a los hermanos e incluso con quienes compartimos lo cotidiano, tiene que realizarse con atención, delicadeza, dulzura, humildad, paciencia, respeto, prudencia y benevolencia. Tenemos que darnos confianza unos a otros, tolerarnos y perdonarnos mutuamente siempre que alguno tenga motivo de queja (Sn. Pablo a los Colosenses 3,12-17). Nuestro esfuerzo permanente debe ser construir la vida comunitaria en todos sus aspectos, fortalecerla y enriquecerla para crear una comunidad SALUDABLE.

ALGUNAS SEÑALES TÍPICAS DE LA VIVENCIA DE LA INTIMIDAD EN EL GRUPO

ALGUNAS SEÑALES TÍPICAS DE LA VIVENCIA DE LA INTIMIDAD EN EL GRUPO

  • Apertura a un espacio emocional donde se da cabida a todos.
  • Comunicación sencilla y abierta.
  • No existen agendas ocultas al interior del grupo.
  • Hay riesgo en la comunicación sin temores.
  • Hay presencia de sentimientos fuertes.
  • Hay naturalidad en el acompañamiento de unos con otros.
  • Hay capacidad para vivir el presente.
  • Hay compromiso de sigilo con lo compartido.

UN GRUPO DE VIDA

UN GRUPO DE VIDA

1. CONFIANZA Y ACEPTACIÓN
La confianza de los participantes del grupo entre sí, y de estos con el acompañante-cuando se tiene y/o está presente- por lo menos la expresión clara de cualquier síntoma de desconfianza, es uno de los factores claves para que el grupo ejerza su tarea terapéutica. La confianza se manifiesta en la aceptación mutua, la profundidad en las expresiones vitales que se comparten, y el riesgo de compartir las reacciones en el aquí y el ahora. La aceptación hace que crezca la asertividad, pues si cada persona se siente acogida y libre para ser como es, sin el riesgo de ser rechazada, sabe que no es necesario hacer nada para agradar a los otros.
2. EMPATÍA E INTERÉS
La empatía exige la capacidad para percibir el sentimiento del otro y conectarse en lo profundo con él. Permite apreciar honestamente al otro. Implica interés: relación genuina y activa con cada miembro del grupo. Sólo cuando se experimenta la empatía y el interés de los otros, se hace pasible la apertura transparente y profunda.
3. ESPERANZA
El cambio es posible cuando se cree en él. Es necesario que los miembros del grupo tengan la convicción de que pueden romper sus cadenas con el pasado y pueden ser activos en el enriquecimiento de sus vidas. Es requisito fundamental para el proceso de crecimiento personal en el ámbito individual y grupal, que se crea en la posibilidad de sanar la propia herida (la parte vulnerada) y en la capacidad de potenciar el pozo de las cualidades. La esperanza en sí misma es terapéutica y motivadora.
4. LIBERTAD PARA EXPERIMENTAR
El grupo de vida se convierte en un espacio vital en el que es posible experimentar conductas nuevas, ensayar cambios de comportamientos que se quieren modificar, e imaginar maneras nuevas de vivir escenas de la vida diaria. Técnicas como el sociodrama y el juego de roles, facilitan esta vivencia.
5. COMPROMISO CON EL CAMBIO
Para que se dé el cambio, además de la esperanza, de cree en él, es necesario tener un compromiso con éste. El cambio no se da con el mero deseo de cambiar, se requiere compromiso personal-consigo mismo en primer lugar-, pero también con la experiencia de apertura al grupo, y la ejecución de los ejercicios de interpelación y las herramientas terapéuticas, propuestos como medios para el proceso de conocimiento y crecimiento personal.
6. INTIMIDAD
La intimidad auténtica en un grupo se da cuando ha habido una revelación profunda de cada miembro, que les permita sintonizar a unos con otros. La intimidad aumenta en la medida en la que se recorre conjuntamente el camino de conocimiento y crecimiento, y se comparte el proceso de sanación. Cuando se logra experimentar en el grupo de vida que, independientemente de sus diferencias, todos comparten ciertas necesidades, deseos, ansiedades y problemas; cuando se descubre que todos enfrentan problemas similares, se incrementa la intimidad, y se hace posible trabajar los temores relacionados con ella y las resistencias al acercamiento personal. El objetivo fundamental es llegar a reconocer cómo se ha vivido evitando la intimidad (por el temor a ser nuevamente heridos, abandonados, no reconocidos) y cómo es posible aceptar sin miedo la intimidad y la cercanía con los otros.
7. CATARSIS
Permitir la descarga emocional, frecuentemente de forma explosiva, en el espacio del grupo de vida, ayuda a la liberación de sentimientos reprimidos. Dejar surgir sentimientos de cólera, frustración, dolor, odio, temor, y también sentimientos como la alegría, el afecto y el entusiasmo, abren al camino terapéutico. Pero es necesario que además de permitir la catarsis, se trabaje con estos sentimientos para lograr que los cambios tengan un efecto duradero y prolongado en el tiempo.
La catarsis es importante dentro del ambiente del grupo de vida ya que ésta es un proceso interpersonal, es decir, es realmente eficaz cuando se hace presencia de otra(s) persona(s). Cuando la descarga fuerte de sentimientos se hace acompañada por alguien, quien acompaña aporta en el proceso de ayudar a drenar la herida, tiene un papel fundamental en la objetivación de los sentimientos y sus causas, y es punto de referencia en el camino de sanación. Quien hace la catarsis, al tener testigo(s) de ella, se compromete-consigo mismo y con quien acompaña-en el trabajo posterior, puesto que los elementos revelados en un proceso de catarsis son herramientas útiles para la confrontación ulterior. Esto deja claro que el efecto de una descarga emocional-aunque sea fuerte-en un “espacio vacío” (sin compañía), no produce resultados duraderos.
8. MODIFICACIÓN CORPÓREA
Hemos afirmado que la repercusión corpórea es una condición sin la cual no podemos hablar de proceso terapéutico. De igual forma, no podemos hablar de camino de sanación si no se da la modificación corpórea.
La modificación corpórea se hace posible cuando se in-corporan (se introducen, se graban en el cuerpo) de manera diferente los hechos dolorosos del pasado, entonces es posible que la persona se in-corpore (se levanta, se yergue) de la postración física-aunque disfrazada-en la que se encontraba, y se in-corporan (se acogen, se asimilan) en el grupo esos nuevos datos como modificación colectiva. La modificación corpórea del grupo revela la modificación corpórea personal de cada uno de los participantes, pero también, la modificación generada por la interacción entre todos y cada uno. Resaltamos lo que ya dijimos anteriormente: el grupo de vida es por excelencia el gran terapeuta, por el compromiso de crecer juntos por contraste y por resonancia.
9. REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA
Comprender el significado de las experiencias emocionales intensas es necesario para ampliar el camino del conocimiento personal. Este factor cognitivo incluye la explicación, la clarificación, la interpretación, la comprensión de los fundamentos teóricos subyacentes, la formulación de conclusiones, y la adopción de nuevas decisiones.
10. AUTO-APERTURA
La apertura es el medio clave para que se dé la comunicación abierta, transparente y terapéutica en el grupo de vida. Si la comunicación se limita a la expresión de ideas, análisis de la temática, o relatos de vivencias en forma de anécdotas, el grupo corre el riesgo de convertirse en un espacio académico o quizá recreativo. La auto-apertura exige, además de la revelación de la realidad personal (‘¡Sin menoscabo del derecho a la privacidad e intimidad personal!), la capacidad de compartir y vivenciar grupalmente, las reacciones generadas en el intercambio de la vida diaria entre los miembros del grupo, al interior y fuera de éste.
11. CONFRONTACIÓN
En nuestro esquema de trabajo, la confrontación es una exigencia para hacer posible la tarea de ser “piedra de moler”. Confrontarse es una de las funciones fundamentales del grupo y una condición para el crecimiento personal y grupal.
La confrontación es una invitación constructiva a la coherencia, a la destrucción de barreras, a la autenticidad, al reconocimiento de las dificultades y las potencialidades personales, y al compromiso. Es sana en la medida en la que se confronte desde las reacciones del que comparte y no desde los juicios propios de quien confronta; si se hace de forma positiva: con cuidado, sensibilidad y responsabilidad, es decir, sin hostilidades, indirectas, o ataques, que puedan hacer sentir a la persona juzgada y rechazada. Una confrontación grupal bien llevada, invita a la autoconfrontación.

12. CONFIDENCIALIDAD
La confidencialidad, además de ser una condición fundamental para que se cumpla la función terapéutica del grupo, es un requisito inviolable dentro de la dinámica del grupo de vida. La intimidad de cada uno es un terreno privado y sagrado que se descubre ante los otros, sólo cuando es motivada por la esperanza y el compromiso con el cambio, y respaldada por el sentimiento de confianza, aceptación, empatía, interés y libertad que se experimenta ante los miembros del grupo. Una vez terminada la sesión del grupo de vida, este terreno de la intimidad vuelve a ser un espacio cerrado y absolutamente privado, que exige a cada miembro el silencio y la reserva de lo acontecido allí.