domingo, 19 de diciembre de 2010

DISPOSICIONES DEL SUPERIOR – FORMADOR

DISPOSICIONES DEL SUPERIOR – FORMADOR

El Formador ha de ser una persona buena y abierta con todos los formandos, pero es de importancia fundamental que no se comprometa con los problemas de los mismos. Su actitud respecto a ellos tiene que ser siempre muy objetiva. No tener familiaridad con ninguno. Por eso cierto estilo de vida un poco aislado es para el Superior – Formador una exigencia pedagógica de éxito. Semejante actitud favorece la maduración del formando en autonomía, en libertad interior y en espontaneidad de expresión.
Dos personas no pueden entenderse mutuamente si no existe entre ellos un mínimo de buena voluntad. Pero un entendimiento recíproco amplio y profundo depende, además, de otros muchos factores de la personalidad de los interlocutores.

MADUREZ
El grado de madurez del adulto guarda generalmente relación con su experiencia, la cual una cierta edad cronológica. Un religioso demasiado joven no estaría probablemente indicado para ejercer con eficacia las tareas de Superior. Aquí las cosas son algo así como la naturaleza. Un fruto cuya maduración se ha forzado con medios artificiales no tiene el mismo sabor que otro que ha ido madurando según el proceso natural. Un joven puede ser muy inteligente y también muy virtuoso. Pero le falta, ciertamente, la prudencia que solamente da la experiencia de la vida. Incluso no cabe duda de que una cierta edad – pongamos treinta, cuarenta, sesenta años – no es un argumento suficiente para asegurar el éxito del Superior – Formador. De todas formas, parece que está fuera de duda que la edad de un candidato a un puesto de responsabilidad en la vida religiosa es uno de los temas importantes que hay que tener en cuenta. Desde el punto de vista psicológico quizá sería una medida de prudencia y de sabiduría no darle a una persona un cargo de gran responsabilidad sobre otras personas antes de cumplir los treinta o los treinta y cinco años. Hay realmente jóvenes de treinta años suficientemente maduros para asumir esa responsabilidad.
El proceso de maduración del religioso se desarrolla generalmente un poco más lentamente que en el laico. Este a los veinticinco años está muchas veces casado y lleva a sus espaldas la responsabilidad de una pequeña familia. El período más largo de formación obliga al religioso a portarse casi como un joven estudiante hasta los veinticinco años o más. En realidad, le falta una experiencia suficiente de la vida. Sería imprudente confiarle un cargo de responsabilidad en la formación de otros religiosos.
En el Formador se requiere una cierta madurez sobre todo en tres dimensiones de la personalidad: afectividad, cultura y vida espiritual. Se trata de tres aspectos de la personalidad de particular importancia para el ejercicio de la función de Superior – Formador. Madurez significa equilibrio de adulto. Esto supone el desarrollo de varias capacidades humanas y su perfecta integración en el conjunto de la personalidad.
Sabemos que el hombre alcanza normalmente su madurez intelectual hacia los quince años. Este máximo de inteligencia se mantiene más o menos constante hasta alrededor de los cincuenta años. Luego empieza lentamente a decaer la perspicacia intelectual. De todas formas hay muchas y brillantes excepciones; todos conocemos ancianos con una maravillosa clarividencia intelectual. Pero no hemos de confundir inteligencia con cultura. La primera es una capacidad de comprensión unida a la capacidad de integrar los elementos descubiertos y adquiridos por la inteligencia a través de la experiencia concreta de la vida.
La cultura crece en la medida en que el sujeto adquiere nuevas informaciones y realiza descubrimientos a través de sus experiencias. La edad límite para hacer crecer la cultura guarda relación directa con la posibilidad de comprensión intelectual. Si hay personas con ochenta o noventa años que siguen culturalmente en plena forma, hay otras que con sesenta y cinco años han agotado ya prácticamente la capacidad de responsabilidad personal. La mayor parte de los religiosos de treinta o treinta y cinco años poseen ya una buena cultura. Algunos de ellos seguramente pueden asumir la responsabilidad de ayudar a otros a través de su cargo de Superior-Formador, bien en una Casa de formación o bien en una comunidad religiosa.
La madurez afectiva supone la capacidad de resolver con cierta facilidad los problemas personales de naturaleza afectiva. El estudio de los votos en el noviciado llega generalmente a hacer vislumbrar teóricamente la manera de resolver la problemática afectiva y social en la vida consagrada. El apostolado social pone al religioso en situaciones concretas que son a menudo bastante distintas de la idea que se hacía de ellas el novicio recogido y protegido en un ambiente muy diverso. Una inmadurez afectiva demasiado grande de un Superior-Formador no puede menos de reflejarse negativamente en los formandos. Se da un influjo inconsciente inevitable de la disposición íntima del formador en el formando. Este sufre una presión formativa de aquel aspecto inconsciente de la personalidad del formador, quizá más fuerte y decisiva que los incentivos pedagógicos formales. Los resultados concretos de la formación proceden mucho más de lo que el Formador es que de lo que él dice y hace con el objetivo formal de educar. Ser un verdadero Formador o Superior (modelo) es más eficaz que hacer de Superior o de Formador. El Formador, como el hombre en general, no se manifiesta a los demás sólo con lo que dice. Todo su ser representa la expresión de un estímulo inconsciente, pero muy eficaz para la conducta de los otros.
Pero el aspecto de madurez más importante para un Superior-Formador es el de su vida espiritual. La madurez espiritual está estrechamente ligada a la madurez afectiva.
El elemento fundamental de la madurez es la fe. La fe sufre muchas veces una evolución paralela al crecimiento cultural y a la evolución de la afectividad. La fe religiosa se purifica de los restos de infantilismo espiritual en la medida en que el sujeto elabora sus conceptos filosóficos de la vida de adulto. Las razones de creer de un hombre de treinta o cuarenta años no son ya las mismas que alimentaron la fe del niño. El niño se somete de buena gana a los argumentos de autoridad. El adulto, por el contrario, manipula toda clase de argumentos científicos. Por eso siente la necesidad de un fundamento apologético de acuerdo con las exigencias de su espíritu de investigador. Por eso precisamente un buen método de formación tiene que incluir también un programa de estudios que sea adecuado a las exigencias intelectuales del hombre de hoy.
Para poder animar eficazmente una comunidad religiosa o de formación, el Superior - Formador tiene que poseer buenos conocimientos del dogma, de la moral y de la teología de la vida religiosa. La cultura científica sobre todo a nivel de las ciencias humanas no es condición para la santidad de vida, pero en la actualidad es, sin duda, un importante apoyo para la misma. Un religioso, y más todavía un Superior- Formador, que descuidase el estudio permanente de la Sagrada Escritura correría el riesgo de perder de vista el objetivo principal de su vida. Para ello no existe otra fórmula de llegar a la madurez espiritual.
Pero el grado de madurez espiritual no se manifiesta únicamente a nivel de la fe. También se la puede percibir a través de otras manifestaciones de la vida, como la actitud en la actividad apostólica, el modo de comunicar con los demás, la mentalidad, la espontaneidad con la que el sujeto es capaz de hablar de temas religiosos o espirituales o en la conversación común, la naturalidad con que habla de sus problemas de naturaleza espiritual en el coloquio personal con su director espiritual o con el Superior-Formador.

Equilibrio de la personalidad
La formación exige del Formador también un buen equilibrio de la personalidad. Del mismo modo que un ciego es incapaz de guiar a otro ciego, tampoco una persona inmadura y quizá demasiado desequilibrada en el nivel de la emotividad podrá ser nunca un buen Formador. Las consecuencias de la actuación de un Superior no equilibrado suficientemente a nivel de su personalidad no se limitan a la ineficacia apostólica. Su contacto, su comunicación, quizá incluso solamente su presencia en medio de los formandos, ejerce siempre cierto influjo negativo sobre ellos. Se trata de un mecanismo inconsciente de proyección: el entusiasmo del maestro contamina a sus alumnos, así como su mal humor se contagia a toda la clase. Las personas proyectan sus problemas personales sobre las personas con que viven. Este fenómeno tiene lugar sin ninguna participación voluntaria o consciente del sujeto.
El Superior-Formador comulga con el formando, el cual recibe a través del coloquio personal algo de su personalidad. Esta transmisión se lleva a cabo tanto en sentido positivo como en sentido negativo, incluso cuando el Formador intenta esconder su propia realidad interna, buena o mala. Puesto que el Formador actúa en sentido de la formación mucho más por lo que es que por lo que dice o hace, tiene que esforzarse ante todo en que su realidad interna sea buena. El formando ordinariamente no se da cuenta del influjo negativo o positivo de su formador sobre él. A menudo sólo lo percibe más tarde. Un Formador de personalidad relativamente madura en sus dimensiones afectiva, emocional y espiritual comunica siempre mucho de sus valores al formando sin darse cuenta.
Un Formador consciente de su propia responsabilidad se preocupa de su crecimiento personal en todos los niveles de su personalidad. Con frecuencia verifica atentamente su situación interna. Esta verificación tiene que hacerse sobre todo en los siguientes aspectos: sentimientos, deseos, temores, angustias, insatisfacciones, desconfianzas... Pero la simple constatación de la existencia de un desorden interno es el primer paso del autocontrol. El segundo paso, también imprescindible, es la auto purificación.
Toda persona normal es capaz de cuidar y de arreglar los pequeños fallos de funcionamiento de la persona. Pero la vida espiritual y de oración ofrece remedios poderosos para muchas curaciones espirituales que restituyen la paz del alma. El Formador puede, además, buscar una preciosa ayuda personal en algún prudente y santo director espiritual. Tener encuentros personales periódicos con una persona humana y espiritualmente competente puede resultar una necesidad profesional indispensable para un Superior-Formador. Conocerá así mejor los delicados fenómenos que intervienen en el proceso yo-tú del encuentro personal, ya que habrá hecho personalmente la experiencia de los mismos. La dificultad práctica de esta relación puede resolverse acudiendo a la correspondencia epistolar.

Confianza en sí mismo
La inseguridad es quizá uno de los defectos más graves de un jefe. Las dudas y las vacilaciones de un Superior- Formador desorientan a los subalternos y a los formandos hasta el punto de hacerse ellos mismos inseguros.
¿Qué es la inseguridad?
Este sentimiento puede manifestarse de varias maneras. Consiste en un sentimiento confuso de miedo a fracasar respecto a alguna cosa que hay que hacer o respecto a algo
que puede ocurrir.
La inseguridad nace de una debilidad o de una limitación real, o bien de una necesidad exagerada de aparentar. Una enfermedad puede causar inseguridad de varias formas. A un enfermo le falta la fuerza física que le permitiría defenderse en un peligro eventual o bien realizar determinadas tareas. Una limitación real aumenta su situación de bloqueo cuando el sujeto siente la duda del éxito de sus empresas. Del mismo modo, la conciencia de la propia incapacidad inhibe la voluntad.
De todas formas, cuando la inseguridad nace de la necesidad demasiado grande de aparentar, el modo de manifestarse es distinto. En efecto, el individuo demasiado ambicioso intenta esconder su verdadera identidad. Pone una careta por encima de su personalidad real. Recurre a una especie de mimetismo psicológico para defenderse mejor de las amenazas externas.

La necesidad demasiado grande de aparentar es un defecto moral. Terrible sería, si se da el caso, que teniendo instrucción en materias que ayuden al ámbito personal y de los demás, sea lo contrario de lo que se hace. Es un defecto moral que puede llevar a todos a un acompañamiento catastrófico.

La inseguridad motivada por el miedo al fracaso revela una debilidad de la personalidad. Esta debilidad consiste en la incapacidad de soportar el ridículo o la falta de estima y de consideración. Es un defecto que puede hacer sufrir mucho a la persona. Constituye, además, una dificultad profesional para un Superior-Formador. El que no tiene confianza en sí mismo tampoco logra inspirarla a los demás.

La persona tiene confianza en sí misma cuando es plenamente consciente de sus capacidades, cuando sabe comprometerse hasta el fondo en una tarea a realizar sin experimentar ningún sentimiento de ansiedad respecto a un fracaso eventual. Solamente entonces el Formador será capaz de acercarse en un encuentro personal al formando en
un auténtico diálogo constructivo. Semejante actitud le permitirá actuar con calma y seguridad. Estas son las condiciones necesarias para que un encuentro se transforme en un interesante y fecundo coloquio personal para el formando. Únicamente el encuentro constructivo y verdaderamente sincero y cordial puede ayudar al formando. El tono seguro y tranquilo del Formador cuando habla, la firmeza de su voz y de su actitud actúan sobre su interlocutor como un sedante que tranquiliza y transmite paz y confianza.

Prestigio

El Formador que goza de prestigio entre los formandos tiene un mayor ascendiente sobre ellos. El prestigio es el resultado de todo un conjunto de cualidades reales o supuestas que la gente atribuye a una persona. Los que están al corriente de estas apreciaciones más o menos unánimes y creen en ellas comienzan a admirar a esa persona. Para gozar de prestigio no es necesario que la persona posea realmente las cualidades más o menos extraordinarias que se le atribuyen. Pero un prestigio basado en dotes falsas puede ser muy peligroso para el sujeto. Cuando se descubra su verdad no podrá resistir demasiado y se hundirá emotivamente. Si el Superior busca, aunque sea inconscientemente, servirse de cualidades supuestas, pero no verdaderas, ya no sería del todo auténtico. Su relación con los demás disminuiría, ciertamente, en eficacia. La desilusión de los formandos podría incluso significar un verdadero fracaso en su confianza. Un prestigio basado en cualidades reales es algo muy útil, realmente precioso, para un Formador que sepa utilizar con humildad y prudencia este maravilloso instrumento de trabajo. Para convencerse de la verdad de esta afirmación baste recordar a los personajes famosos de la historia: Moisés, Napoleón, Mahatma Gandhi, Don Bosco, el padre Alberione, Champagnat... Mucho de lo que realizaron lo pudieron hacer precisamente por el prestigio de que gozaban ante los demás. En sentido sobrenatural pienso que el verdadero prestigio tiene como objeto la misma función que el carisma: producir la eficacia de la obra apostólica. Por eso, todo Superior-Formador debería aspirar a gozar de cierto prestigio entre sus formandos.

El prestigio tiene muchas veces una recompensa ligada al esfuerzo del sujeto por cumplir alegre y fielmente su deber de buscar y de realizar la voluntad de Dios sobre él. Jamás habrá nadie tan famoso como Cristo. De él decían que "todo lo hacía bien". Breves y sencillas palabras que explican en cierto sentido toda la obra de salvación que él
realizó.
Por consiguiente, el método para alcanzar prestigio es muy fácil. Podría decirse que ese método se reduce a la imitación de Jesucristo: hacerla todo bien. Lo mismo que Crísto en medio de sus discípulos, el Superior-Formador se encuentra en medio de sus jóvenes hermanos como el que sirve, como el que hace bien todo lo que tocan sus manos.

El Superior-Formador debe ser para el formando un verdadero modelo para muchos de los aspectos de la vida religiosa a la que aspiran los candidatos. Tiene que ser el más caritativo, el más respetuoso, el más generoso, el más conciliador, el más manso... En una palabra, tiene que dar el tono por la relación interpersonal que hace la unión, la fraternidad, la solidaridad, la paz y la alegría.

La primera consecuencia del prestigio del Formador es la confianza que en él tienen los formandos. Por eso vale la pena que el Formador se esfuerce en ser para sus formandos una persona de confianza. ¿Qué podría hacer de útil y de bueno si los formandos no confiasen en él? Los encuentros se limitarían a una vulgar formalidad social sin resultados prácticos.
En cierto modo se podría afirmar que el buen prestigio del Formador es para él un precioso instrumento de trabajo, destinado a asegurar la eficacia de su acción apostólica entre los jóvenes formandos.

Actitud pedagógica del formador

El Formador tiene una imagen personal que preservar y que presentar frente al formando. Esta imagen queda tanto más claramente grabada para los demás cuanto más se identifica el Formador con su misión particular. El formando tiene que poder reconocerlo entre las demás personas que no tienen esa misma tarea. La confianza del formando en su Formador depende un poco de la imagen que éste presenta. Para el formando la imagen del Formador está hecha de lo que él puede ver, de lo que puede escuchar y observar en él. La imagen del Formador que percibe el formando generalmente se acerca mucho a la realidad personal objetiva del Formador. Una vez más hay que subrayar la importancia para todo Formador de trabajar constantemente en su perfeccionamiento. También en este caso lo falso se pone muy pronto de relieve. Los formandos a menudo saben muy bien hasta dónde llega la sinceridad y la autenticidad de su Formador. Resulta más o menos inútil querer esconder la propia realidad. Es mejor darse a conocer como un hombre normal, con tendencias y debilidades parecidas a las de los demás, pero que a pesar de todo está profundamente empeñado en convertirse constantemente. La humildad y la sencillez son siempre signos de autenticidad. Se trata de actitudes más importantes para el Formador que una especie de incolumidad, que una supuesta impecabilidad.

Del Formador no se exige que sea un gran santo. Se le pide simplemente una generosa buena voluntad de crecer en coherencia: amar cada vez más a Dios, imitar a Jesucristo con una generosidad cada vez mayor, ser continuamente más fiel en la práctica de los consejos evangélicos.

La preocupación tranquila por su constante crecimiento personal en el sentido del ideal de la vida religiosa es la actitud pedagógica de fondo del Formador. El está en medio de los formandos como el que tiene que dar ejemplo de cómo vive el religioso consagrado. Con los ojos fijos en él, los jóvenes formandos intentan espontánea y más o menos subconscientemente modelar su actitud interior y su conducta.

Lo primero que se ha de hacer con el candidato que ingresa en la Casa de Formación es ayudarle a aclarar y a purificar los motivos que están en la base de su decisión vocacional. Para la mayor parte de los candidatos estos motivos no están totalmente claros. Con frecuencia resultan insuficientes para fundamentar sólidamente una vocación.

Aunque el primer impulso interior es una auténtica obra de la gracia, en general esta luz original se ve ofuscada por la interferencia de otros motivos puramente humanos. No raras veces sucede que un candidato llega a la Casa de Formación diciendo que quiere ser religioso. Si el Formador le plantea la pregunta: "¿Por qué?", la respuesta del joven es
dudosa. No es clara. Quizá no sepa formularla. De todas formas, la mezcla prácticamente inevitable de otros intereses secundarios con su intención original pura hace que su visión del objetivo vocacional resulte un tanto confusa. Por sí solo le será bastante difícil llegar a una visión más clara de las cosas. No dispone de informaciones iniciales suficientes.

Para un trabajo tranquilo de elaboración de su proyecto personal es importante que el formando vea claro en su situación. La motivación de fondo de sus impulsos, de cada uno de los pasos que da, tiene que ser clara y decidida. Tiene que aprender a orientarse en todo a través de las respuestas obtenidas por su brújula de bolsillo: ¿Por qué hago esto? ¿Por qué quiero aquello? ¿Por qué voy allá? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estudio esto o aquello? Esta brújula del por qué es su instrumento de trabajo más precioso: estudio, oración, trabajo manual, recreo, descanso, encuentros, amistades... Las respuestas al por qué le dirán en cada momento en qué dirección camina.

El formando, lo mismo que todo religioso serio, tiene que preocuparse de las cuestiones de fondo de su propia vida, como, por ejemplo: ¿Por qué, si sé muy bien lo que he de hacer, no lo hago en la práctica?... ¿Por qué a veces siento la tentación de retorcer el mensaje evangélico para justificar lo que en realidad no puede justificarse?.. ¿Qué hay en mí que bloquea una verdadera conversión?..

Un verdadero motivo vocacional es siempre realista y no defensivo ni tampoco utilitarista. En último análisis se reduce siempre a la generosidad de abandonarlo todo para seguir a Cristo. Cualquier otro motivo es válido sólo en la medida en que re fuerza o purifica el motivo central.

La actitud pedagógica del Formador se distingue también de otras actitudes pedagógicas por su apertura a la trascendencia. Estar abierto a la trascendencia es creer de verdad que la vida del hombre en la tierra es una etapa provisional a la que sigue una existencia eterna más allá del mundo material y visible. Pero no basta con creerlo. Esta verdad tiene que encarnarla el Formador de tal manera que sus actitudes y su comportamiento sean un claro testimonio de ello. Si el Formador vive como una persona natural, materialista, el formando tendrá dificultades para abrirse a la trascendencia. La vida consagrada se vive en el tiempo presente en función de la verdad sobrenatural para una ayuda apostólica que se presta a los hermanos.

La actitud de apertura a la trascendencia del Formador es necesaria, por consiguiente, para que el formando pueda también descubrir esta actitud. La cerrazón a la trascendencia significa igualmente insensibilidad a la gracia. La fidelidad a los impulsos del Espíritu corresponde también a un descubrimiento que todo religioso debe hacer si quiere seguir un buen camino en la vida espiritual. Si el Formador no fuera un hombre abierto a la trascendencia, sensible y fiel a las mociones de la gracia, también el formando caminaría a oscuras en este sentido. La apertura a la trascendencia ilumina sobre el conjunto del proceso de formación y asegura su eficacia y la orientación justa.

Otra actitud pedagógica que se requiere en el Formador es la de un espíritu permanente de discernimiento. El formando tiene una necesidad urgente de verse ayudado a discernir constantemente su vocación.

Discernir la vocación significa ver con la mayor claridad posible entre las cosas que no están claras qué es lo que está de acuerdo con la voluntad de Dios y qué es lo que no lo está. Todo lo que ayude a interiorizar los valores terminales del amor de Dios y de la imitación de Jesucristo y los valores instrumentales de los consejos evangélicos es algo querido ciertamente por el Señor. Pero el formando no siempre sabe si lo que hace le
ayuda o le frena en el proceso de interiorización de esos valores. Puede sucederle, además, que caiga en debilidades humanas que constituyen ciertamente un obstáculo más o menos grave para su crecimiento.

El discernimiento vocacional no solamente es necesario para aclarar lo que el formando tiene que hacer y lo que tiene que evitar. Debe, además, ayudarle a crecer en entusiasmo, en esperanza, en amor a su vocación. Un buen discernimiento puede revelar al formando algunos descubrimientos importantes: que su vocación es auténtica o bien que no lo es, que su respuesta es prematura o que no ha sido realmente llamado. Estas son algunas cosas cuyo pronto conocimiento es muy importante para el formando. Cuanto más tarde en saberlas con claridad, tanto menos eficaz será su esfuerzo en el crecimiento. La duda podría llegar incluso a bloquear por completo el proceso de su búsqueda.

El discernimiento vocacional hecho por el Formador sobre el formando y juntamente con él tiene que verificar la presencia y el grado de eficacia de los valores. Esos valores son eficaces si paulatinamente se van convirtiendo en actitudes prácticas de la vida concreta del formando. En este punto se pone de relieve una vez más la importancia pedagógica de reforzar la motivación de aquella pequeña palabra del por qué. Esa pregunta debe estar siempre en la cabeza del formando para su control personal de los motivos y del objetivo de sus actitudes y comportamientos. El formando podrá crecer en su vocación en la medida en que tenga conciencia clara de lo que hace. El religioso que ha conseguido interiorizar los valores de la vida consagrada será psicológicamente consistente. En su obrar actuará normalmente por motivos más o menos parecidos a los que movieron a Jesucristo en su vida terrena: la unión amorosa con el Padre.

El valor evangélico de una vida consagrada no depende de lo que uno hace, sino de los motivos que lo llevan a obrar. En el caso del religioso, únicamente los motivos profundos, es decir, los que habitan en lo íntimo del corazón, determinan el valor de crecimiento humano y espiritual de lo que hacemos.

La formación para la vida religiosa no busca la adaptación de los formandos a una estructura. Consiste más bien en la ayuda a convertir el corazón al evangelio. Únicamente la conversión del corazón natural a un corazón deseoso de amor de Dios es sensible a los valores evangélicos. Una vez que el corazón ha sido tocado por el amor de Dios, el sujeto procura insertarse en una estructura que le permita vivir plenamente esta nueva realidad. Por consiguiente, las estructuras vienen después de la conversión. Así pues, el esfuerzo inicial del Formador consiste en sensibilizar el corazón del formando para la voz de Dios. Después ayudará al formando a crear en él una estructura personal de pensamiento, de intenciones, de sentimientos, de deseos insertos en el tiempo, en el lugar, en el horario y en los ejercicios que están previstos en la casa de formación. La estructura externa tiene la función de estar al servicio de las necesidades de la persona para favorecer su vida espiritual.

Formar en la vida consagrada es ayudar al formando a cambiar de vida para hacerse capaz de realizar el seguimiento de Cristo. Se trata tan sólo de una ayuda. Para que sea eficaz y para que el formando pueda alcanzar su objetivo es necesario tomar en consideración no sólo sus motivos positivos conscientes, sino también sus motivos subconscientes negativos.

Así pues, para ofrecer alguna ayuda al formando es muy importante que el Formador no se preocupe básicamente de preservar una estructura. Su esfuerzo de ayuda tiene que atender sobre todo a la persona del formando que quiere crecer. Para el consagrado, el crecimiento de su persona según los valores terminales escogidos es mucho más importante que las estructuras en las que tiene que vivir.

Tareas del formador

Un Formador bueno y eficiente se ocupa más o menos de todos los aspectos del desarrollo del formando. Se interesa por el hombre en la amplitud de su totalidad. Cualquier cosa que haga el formador tiene que ser vista por él como una ayuda directa o indirecta para el crecimiento de los formandos. Incluso prácticamente todo lo que hace o emprende aparentemente para su provecho personal tiene que ser concebido por él como algo que puede mejorar sus condiciones personales de Formador comprometido por entero en su misión.

Podemos pensar, además, en algunas tareas específicas del formador para ayudar a los formandos a crecer. Entre ellas destacan amar, motivar, estimular, coordinar, instruir, controlar más no imponer ni prohibir, ojo, nunca prohibir porque estaremos formando jóvenes propensos a cubrirse en el mínimo detalle y, ni cambiarán comportamientos inadecuados como la transformación de su ser.

Amar

Para explicar en qué consiste el amor fraterno, en los cursos de formación permanente suelo entregar a los participantes una hoja que llamo "los seis mandamientos del amor fraterno". En ese resumen he sintetizado las virtudes que considero como lo mínimo que hay que practicar para que pueda crecer y mantenerse en una comunidad de vida la verdadera fraternidad. Reproduzco aquí el contenido de esta hoja. Creo que la primera tarea del Superior-Formador consiste en asegurar el clima de hermandad comunitaria en la casa de formación. He aquí entonces un medio para crear este clima tan importante para la formación en la vida religiosa.


Los seis mandamientos del amor fraterno

El primer campo de apostolado del religioso es la comunidad en que vive. Vivir en una situación de conflicto con los hermanos de la propia familia religiosa es la causa de la poca eficiencia en la actividad apostólica fuera del ámbito comunitario.

El religioso crece, se forma y se alimenta espiritualmente dentro de su comunidad. De allí sale al mundo para comunicar su riqueza o bien su miseria. Cada uno sólo puede dar lo que posee; el que no está en comunión con los hermanos de comunidad no puede llevar ningún mensaje de amor y de paz a sus hermanos laicos.

Una vida comunitaria auténtica se caracteriza siempre por los sentimientos de fraternidad y de solidaridad que están en la base del espíritu de familia.

El estilo peculiar de vida en grupo nace del tipo de relaciones interpersonales positivas que cultivan los miembros de la comunidad. Todo se resume en una sola palabra: amor.
Amor a Dios y amor a los hermanos.
¿Qué es amar al hermano? Es estar en relación con él de una cierta manera que puede describirse de este modo:

1. Aceptar a la persona del otro tal como se presenta, con su originalidad, con sus comportamientos equivocados y con sus limitaciones, sin tomar en consideración las molestias y sufrimientos que me puede causar.

Aceptarlo a pesar de mis sentimientos personales de antipatía, a pesar de la hostilidad o de la actitud injusta que pueda tener conmigo mi hermano, a pesar de mi repugnancia personal o cualquier otro motivo. .

2. Hacer sentir a mi hermano que lo acepto; hacérselo sentir por medio de palabras y de actitudes:

a) Por medio de palabras: en un momento difícil para él, saber acercarme y decirle secretamente: "¡Estoy contigo ... ¡", "Puedes contar conmigo", "Te comprendo ... ", etc.

b) Por medio de actitudes: las actitudes convencen más que las palabras. Se puede manifestar discretamente nuestra simpatía o bien iniciar una conversación, pedir un favor,
acompañarle a pasear, saludarle cordialmente, etc.

3. Perdonar siempre. En sentido estricto, perdonar es no vengarse. Nada más. Esto es relativamente fácil; basta con una decisión personal tomada con buena voluntad.

Perdonar no quiere decir "olvidar" la ofensa o dejar de sentir el dolor sufrido. El sentir y el olvidar no dependen de la voluntad.

Perdonar de corazón significa asumir internamente la ofensa sufrida de tal manera que no sea ya un sufrimiento.

Esto no es fácil. Por eso, para cumplir con el mandamiento del perdón basta con renunciar a la venganza. A menudo el que ha sufrido la ofensa tiene que seguir sufriendo internamente por la humillación sufrida. Es ésta una cruz que hay que llevar con paciencia, siguiendo el ejemplo del Señor.

Un buen método para olvidar una ofensa consiste en permanecer algún tiempo (media hora o más) frente al crucifijo. No pensar en nada ni decir nada. Sólo mirar al Señor crucificado y dejar que surjan los sentimientos. Es éste un método de oración que puede ayudar a perdonar de corazón hasta el punto de llegar a olvidar la ofensa recibida.

4. Respetar. Respetar al hermano es considerarlo y tratarlo como un valor, como una persona importante de tu comunidad, un hijo de Dios como tú, tu hermano en Jesucristo, quizá un pobre pecador como tú, redimido lo mismo que tú por la sangre de Cristo, quizá un pobre hombre limitado y con deficiencias de las que has de tener comprensión y compasión... Decir que es malo, que tiene mala voluntad..., es hablar de las consecuencias sin tener en cuenta las causas.

5. Confiar. Confiar es creer que, en el fondo, el otro es bueno a pesar de las apariencias contrarias. Confiar en él es creer en su capacidad de cambiar de actitud y de comportamiento si las condiciones le son favorables. Confiar es también hacer algo para que él descubra y acepte estas nuevas condiciones. Confiar que, aunque el otro se encuentre en la peor de las situaciones, con la gracia de Dios y con la ayuda de sus hermanos puede cambiar de conducta y renovarse personalmente. .

6. Ayudar. Puedes ayudar al hermano que se encuentra en dificultades de tres maneras diversas:

a) Poner a su disposición parte de tu tiempo: mostrarte disponible ante todo para escucharle. El que ama a sus hermanos dispone siempre de tiempo para ellos. Cuando es necesario, inventa tiempo. Si no es posible satisfacer de momento una petición, lo hará más tarde, mañana, cuanto antes ... El que no ama a sus hermanos nunca dispone de tiempo para ellos; siempre contestará que no tiene tiempo: "Me gustaría mucho ayudarte, pero, por desgracia no tengo tiempo... ¡Perdóname!"

b) Poner los propios talentos a disposición de los demás. Los talentos son como los carismas: se dan para el servicio a los demás. No utilizarlos para el servicio es enterrarlos. Servirse de ellos para satisfacción personal es traicionar al Señor que los ha dado.

c) Ayudar es también practicar la corrección fraterna cuando es necesario. Este es un punto muy delicado del servicio que debemos a nuestros hermanos. Muchos de los fracasos en esta materia se deben a la falta de tacto o bien a que no se sabe cómo hacerla. "Hermanos míos. Si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro le convierte. Sepa que el que convierte a un pecador de su extraviado camino libra su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados" (Sant 5.19-20).
"Decir la verdad en la cara" no es corrección fraterna sino más bien agresión, injuria, una ofensa grave; es condenar. Aunque sea verdad lo que se dice y el interesado reconozca su culpa y la justicia de la reprensión siempre sentirá una grave dificultad en aceptarla debido al tono agresivo y de condenación con que se ha hecho.
La corrección fraterna tiene posibilidades de éxito cuando se hace con delicadeza, con sentimientos de respeto y de amor para con el hermano. Antes de hablar con tu hermano cuya conducta te preocupa, examina tu corazón y "mira tú ojo”. No quieras extraer una paja del ojo de tu hermano si llevas en el tuyo una viga.
Después de que te hayas purificado de todo sentimiento de odio, de hostilidad, de deseo de venganza o de dominio de cualquier impulso agresivo, intenta ver lo que te preocupa en el comportamiento de tu queridísimo hermano.
Háblale al corazón discretamente y con gran humildad. No lo reprendas. Dile con sencillez lo que te preocupa y pregúntale con respeto y humildad: "¿Qué piensas de esto?" Acepta en principio la explicación que te dé, aunque te parezca poco Sincera y verdadera. La pregunta "¿qué piensas de esto?" seguirá trabajando el corazón de ese hermano. Existen grandes probabilidades de que le ayudes a descubrir su propia verdad. Este es el primer paso para que con el tiempo, consiga cambiar algo en su conducta.
No exijas de los demás que te acepten, que te perdonen, que te respeten, que confíen en ti y que te ayuden. Los comportamientos sociales están siempre recíprocamente condicionados. Los demás te tratarán como tú les trates: "Lo que no quieras para ti, no lo hagas a nadie" (Tob 4.15). "Lo que queráis que hagan con vosotros los hombres, hacedlo también vosotros con ellos, porque en eso está la Ley y los Profetas" (Mt 7.12).

No tienes derecho a crucificar a nadie; pero si amas realmente a tus hermanos, siempre estarás dispuesto a dejarte crucificar por ellos.... por cualquiera de ellos... ¡Imita al Maestro!...

Motivar

El tema de esta tarea tan importante del Formador. No cabe duda de que una buena motivación es el motor pedagógico más importante para impulsar al formando al esfuerzo de búsqueda, de aprendizaje, de descubrimiento, de creación y de ejecución de su proyecto de consagración al Señor.

Estimular

El estímulo general de la motivación se pone a funcionar por obra del Formador como la fuente de donde procede la energía que mueve constantemente al sujeto para el crecimiento ininterrumpido. Pero el Formador no puede limitar su acción formativa a esta motivación. Hay formandos que además de esta presión más o menos constante, tienen necesidad de vez en cuando de estímulos más personales y específicos. Este hecho obliga al Formador a tener los ojos bien abiertos para intervenir inmediatamente con el formando que parece cansarse o desanimarse. Abandonarlo a sus propias fuerzas en una situación crítica de dudas o de pereza podría resultar peligroso para la prosecución de la realización de su proyecto de vida. En esos momentos difíciles el formando todavía débil e inseguro en el camino de la
perfección tiene necesidad de una ayuda particular para mantener vivo el fuego de su entusiasmo.

Coordinar

En una comunidad de vida, lo mismo que en una familia, hay bienes y valores comunes. Provienen del esfuerzo de colaboración de cada uno de los miembros a través de las iniciativas particulares de todos ellos. Para que las iniciativas personales no sean instrumentalizadas para la satisfacción del egoísmo individual, el Formador tiene que ayudar al formando a mirar también el bien común en todas sus actividades. Bienes comunes que el que se forma para la vida consagrada no debe perder nunca de vista son, entre otros: la santificación de toda la comunidad, la ayuda caritativa a cada uno de sus miembros, el crecimiento de santidad de toda la Iglesia.

Para realizar de forma satisfactoria su misión, el Formador tiene que discernir constantemente las actitudes y los comportamientos colectivos de la comunidad. En cada momento puede ser llamado a intervenir para salvar algún aspecto importante del bien común. Pero el buen formador procura actuar no sólo en esas circunstancias. Procura comprometer a toda la comunidad en la búsqueda de una solución justa de cualquier problema comunitario. La actividad comunitaria tiene que nacer del interés de todos por
la realización del bien común: crecer juntos como hermanos de la misma familia religiosa.

Instruir

Cuando un candidato ingresa en una casa de formación generalmente no sabe casi nada de nada. No sabe cómo comportarse en las diversas situaciones que se van presentando. No lo puede adivinar. Hay que instruirlo respecto al modo como se desarrolla la dinámica interna de la comunidad.

Pero el Formador es también fundamentalmente un instructor, un catequista. Tiene que ser para los formandos algo así como fue Jesucristo para sus paisanos: uno que explica de manera sencilla pero muy elocuente las cosas del Reino a nivel de vida consagrada. No se requiere para el Formador ningún diploma o doctorado en teología ni en ciencias sociales, pedagógicas o psicológicas, grandes doctorados en materias que quizás lo haya escogido para sentirse mejor y llenar sus vacios. Cuanto mejor conozca y viva una teología verdaderamente “encarnada en la realidad humana”, cuanta mayor información posea a nivel de las ciencias humanísticas, tanto mejor. Pero ésta no es una condición para ser un buen Formador. Hay Formadores que obtienen resultados excelentes “trabajando más bien con lo que les sugiere su buen sentido”. Hay grandes educadores y formadores históricos que no tuvieron ninguna preparación especial o académica. Hay cosas importantes que no enseñan los bancos de la universidad, pero que pueden descubrirse en contacto con las realidades de la vida.
Un "Formador", "Acompañante" como gusten llamarnos, que imponga cosas, detalles, normas, leyes, prohíbe, dominante ya sea con la palabra o la mirada, hará que los formandos se aparten y consigan hacer las cosas o ciertas actitudes a escondidas temiendo a ser reprendidos, provocando en ellos reprensión.
El que no guste de la formación y no se acompañe así mismo, mejor que no se le dé esta labor, ya que no es una labor para llenar vacíos, sino más que todo, para un crecimiento personal, de los formados y de toda la comunidad en general.
Si decimos instruir, empecemos por nosotros mismos.

Controlar

La pedagogía moderna prevé que a lo largo de su educación y de su formación los alumnos y los formandos han de ir constantemente acompañados de una valoración permanente en el ritmo de su crecimiento. Este conocimiento pedagógico permite al Formador saber en cada momento si debe o no debe intervenir con el formando para una ayuda oportuna. Le permite, además, saber qué tipo de intervención será necesaria para ser verdaderamente útil.
La observación del comportamiento del individuo debe hacerse discretamente para no bloquear su espontaneidad. Si su conducta fuese el resultado de sus cálculos para una
adaptación más o menos defensiva, esa conducta no ofrecería ya datos útiles para una valoración válida del proceso de crecimiento.
Aunque discreta, la observación del comportamiento del formando tiene que ser sistemática. Un buen medio para profundizar en el conocimiento del formando consiste en
controlar sus sentimientos. Los sentimientos son la energía emocional que nos impulsa a la acción. Nacen como una reacción interna a los estímulos internos y externos: necesidades, deseos, objetivos, acontecimientos amenazadores o estimulantes... La cualidad del sentimiento indica el sentido o la dirección de la acción.
Los sentimientos se esconden en lo íntimo del corazón.
Es también en el corazón donde nacen los deseos. Ellos impulsan al hombre a organizar una actitud interior cuya fenomenología puede observarse fuera del sujeto. Por consiguiente, la actitud es una posición íntima que adopta el individuo frente a una situación problemática.

El comportamiento es la ejecución de este impulso interior o bien de la acción proyectada por esa toma de posición. Así pues, a través de la observación atenta y mediante el análisis del comportamiento observable del individuo se llega a comprender su actitud interna. Esta comprensión nos permite concluir algo respecto a los sentimientos que anidan en la intimidad del sujeto: su cualidad, su intensidad, su significado...

Para cambiar el comportamiento hay que realizar al revés el proceso interior que desemboca en el comportamiento y en la conducta. La conducta es la manera habitual de
portarse frente a situaciones semejantes. Para un cambio verdadero y radical de una conducta hay que dar marcha atrás a través de las etapas psicológicas de las que se deriva.
Por consiguiente, para cambiar de conducta hay que cambiar de comportamiento; para cambiar de comportamiento hay que cambiar la actitud externa de la que es la expresión; para cambiar de actitud externa hay que cambiar la actitud interna, y esa actitud cambia si cambian los sentimientos de donde nace; los sentimientos, a su vez, nacen de
los deseos, o bien de la comprensión positiva o negativa de los acontecimientos, o bien de las necesidades... Para cambiar de deseos hay que analizar y comprender en profundidad los motivos de donde nacen. Los motivos guardan siempre una relación directa con los valores. Los diversos valores interiorizados acaban dando origen a diversas conductas. He aquí por qué, si queremos que el religioso presente una conducta concreta, es lógico y urgente ayudarle a interiorizar los respectivos valores.

Puede decirse que el éxito o el fracaso de la formación en la vida religiosa dependen fundamentalmente del éxito o del fracaso del Formador en su ayuda al formando para que interiorice los valores evangélicos terminales e instrumentales de la vida consagrada.

Otros instrumentos indispensables, además de la observación discreta y sistemática, para un control eficaz son:
- La orientación general y particular.
- La purificación.
- El encuentro personal periódico.

La orientación general se refiere a todos los formandos en su situación común en la casa de formación: objetivos, reglamento, espíritu, vida comunitaria...

La orientación particular es más bien ocasional y se dirige a un sujeto que se encuentra en una situación especial: dificultad personal, falta de adaptación, marginación, desaliento, dudas...

La purificación se refiere al aspecto fundamental de la ascesis en la que deben ser iniciados los formandos desde el comienzo de su formación: vida de penitencia, aceptación de los sufrimientos inevitables, no buscar la vida fácil, sacrificios y mortificaciones voluntarias por amor a Jesucristo que sufre... Esta iniciativa tiene que obedecer a ciertas reglas de progresividad y de prudencia.

El encuentro personal sigue siendo el instrumento de control y de acompañamiento formativo privilegiado.

domingo, 12 de diciembre de 2010

HAZTE CARGO DE TU VIDA

HAZTE CARGO DE TU VIDA
TEMA 1

QUÉ SIGNIFICA AFIRMARSE

OBJETIVO DEL TEMA: Incorporar en mi vida modos correctos de comportarme y reaccionar positivamente ante las diversas situaciones.
Esquema de la charla:

• Autoestima significa “quererme a mí mismo”
• Tengo valores y límites.
• Debo aceptarme como soy.
• Es importante autoconocerme.
• Ante situaciones puedo comportarme agresivamente.
• Puedo comportarme pasivamente.
• Debo comportarme afirmativamente.

TABLA 1: TRES MANERAS DE COMPORTARSE

CONDUCTA
AGRESIVA:
  • PALABRAS USADAS: Hiriente, hostil, tosco, prepotente, malcriado, abusivo, explosivo, aplastante, sarcástico, despectivo, colérico, conflictivo, criticón.
  • NO VERBAL: Voz chillona, dedos tamborillantes, ojos desorbitados, puño cerrado.
  • EFECTOS: Hiere, crea rivalidades, se hace de enemigos, otros aprenden a ser agresivos, tu círculo se vuelve agresivo.
PASIVA
  • PALABRAS USADAS: Desanimada, abatida, sonríe y aguanta, sumiso, callado, tímido, servil, ansiosa, conformista, reprimido.
  • NO VERBAL: Tono de perdón, manos inquietas, miradas huidizas, hombros caídos.
  • EFECTOS: Se deja pisar. No se le respeta. Baja su autoestima. Deja que otro sea malcriado y abuse.

AFIRMATIVA
  • PALABRAS USADAS: Positivo, directo, libre, seguro, abierto, respetuoso, calmado, valiente, se pone firme cuando debe. Alegre, paciente.
  • NO VERBAL: Postura del cuerpo suelta, sin tensiones, voz serena, mirada firme.
  • EFECTOS: Los demás se sienten respetados. La autoestima y la confianza en sí mismo aumentan. Enseña a otros a ser respetuosos.

¿Cuál de las tres formas es la que identifica mejor mi conducta?

SUGERENCIAS PARA COMPORTARSE AFIRMATIVAMENTE

Las sugerencias siguientes han ayudado a muchos a comportarse afirmativamente, pero no todos los ejemplos son apropiados para ti. Recuerda siempre que no hay modelos únicos de persona “afirmativa”, pasiva o agresiva. Cada persona es distinta y tiene maneras distintas de afirmarse.
1. Acostúmbrate a hablar en primera persona: “Me gusta esta clase de música”. “No estoy de acuerdo con eso”. “Te quiero mucho”. “Pienso que no es justo”. “Me siento triste al ver que no te das tiempo para mí”.
2. Sé claro y directo para que los demás puedan saber qué piensas: “Necesito un descanso”. “Prefiero quedarme en casa, por hoy”. “No quiero que vengas esta noche”. “Me gustaría comer pollo”. “No me gusta salir con Juan”.
3. Di lo que sientes y no sólo lo que piensas: “He pasado una mala noche, me siento cansado y no tengo ganas de nada”. “No entiendo, estoy un poco perdido, por favor explícalo de nuevo”. “Cuando me hablas de esa manera, me siento confundido como un niño frente a un maestro de mal genio”. “Me ha impresionado tu manera de manejar ese asunto”.
4. Habla CON una persona más que ACERCA de una persona: “Tuve la sensación de que me estabas ignorando y esto me hirió”. “Esto me choca”. “Me siento molesto: te pedí que dejaras de hacerlo”.
5. Pregunta, escucha y prepárate a cambiar algo en lugar de discutir o defenderte: “Me pregunto, ¿Por qué dijiste eso? ¿Puedes explicarme un poco más? Es como yo lo veo, pero me doy cuenta que tú lo ves diferente: ¿Cómo te ves con esto? Dime: ¿Qué te haría más feliz? No estoy preparado para llevar a cabo yo sólo las tareas domésticas, pero sí para hacer mi parte.
ESTUDIOS DE CASOS
Formar grupos de tres y compartir: ¿Qué diría o haría yo si me encontrara en las situaciones siguientes y fuera: a) agresivo b) pasivo c) afirmativo?
1. Estoy en un ómnibus y siento frío, cuando alguien pregunta: ¿Le molesta si abro la ventana? Ejemplos: Agresivo: ¡Claro que me molesta! ¡SI me estoy helando! ¿A usted no le importa que los demás se enfermen?
Pasivo: “No, no en absoluto, ábrala nomás”.
Afirmativo: “Sí, siento mucho frío. Prefiero que no lo abra (o tan sólo un poquito)”.
2. Estoy tan contento de haber conseguido un trabajo a medio tiempo, que he aceptado un sueldo bajo. Pero ahora me piden trabajar horas extras sin pagármelas. (Agresivo: Pasivo: Afirmativo)
3. Mi mamá me reprende a cada rato, mientras que ha mi hermano (que es su preferido) siempre lo disculpa. (Agresivo: Pasivo: Afirmativo).
4. Mi enamorada me dice que soy tan chapado a la antigua, que no lo puede creer: “¡Todo el mundo tiene relaciones sexuales, hoy en día!”. (Agresivo: Pasivo: Afirmativo).
5. Estoy viendo TV, cuando llega mi padre y cambia de canal sin consultarme. (Agresivo: Pasivo: Afirmativo).
6. Casi todos los días un amigo viene a mi casa y se queda por horas. Comprendo que él está sólo, pero me siento algo atrapado. (Agresivo: Pasivo: Afirmativo).
7. Estoy templado de una chica pero cuando quiero decírselo me pongo muy nervioso. (Agresivo: Pasivo: Afirmativo).
8. Tenía una cita con un amigo y él llega, como de costumbre, con media hora de retraso. (Agresivo: Pasivo: Afirmativo).
9. DAR OTROS EJEMPPLOS

PRÁCTICA DE LA HABILIDAD

Las frases “afirmativas” que siguen pueden decirse también en forma agresivo (cara enojada, gritando, tamborileando los dedos), o pasiva (hombros caídos, tono de disculpa, no mirar al otro).
Turnarse para decirlas sucesivamente en tono agresivo, pasivo y afirmativo:

“Me gusta esta clase de música”
"Pienso que eso no es justo”
“Me siento mal cuando estás tan ocupado que no te das tiempo para mí”
“Necesito un descanso”
“No quiero que vengas esta noche: eso me perjudica”
“He tenido una mala noche: estoy cansado y no tengo ganas de nada”
“¿Cómo te hace sentir esto?”
“Así es como lo veo yo”

Luego si hay tiempo, pueden turnarse en tratar “afirmativamente” cada una de las situaciones planteadas en el Estudio de Casos.
Emplear, si gusta, algunas sugerencias para comportarse afirmativamente y revisar cada intervención: tal vez se note un tono de disculpa o de agresividad. Si es así, hay que repetir hasta encontrar el tono más apropiado. Los dos pueden turnarse actuando afirmativamente en situaciones distintas o en situaciones de la vida real donde encuentran dificultad.

SEGUNDO TEMA

SABER DECIR NO

OBJETIVO DEL TEMA: Que aprendamos a enfrentar todas las situaciones y decir no cuando es no y sí cuando es sí de manera afirmativa.

ESQUEMA DE LA CHARLA:


Somos seres únicos e irrepetibles.
Tenemos derecho de ser considerados por lo que somos.
No podemos ceder a todas las exigencias.
Aprecio, atención, afecto, atención, autoconciencia, apertura, afirmación.
Ante las presiones y exigencias: “Supera la Marca”.
Cuando no estés seguro…un NO razonable.

Cuando tienes dificultad a decir que no:

°Hacer preguntas.
°Pedir tiempo para pensarlo si es necesario.
°Decir claramente “sí” o “no” dando razones, pero negociado si es necesario.
°Si el otro no te respeta e insiste toscamente, declara tu posición y repítela con calma una y otra vez (supera la marca).

REMEDIOS PARA CONSERVARSE DE BUEN HUMOR

REMEDIOS PARA CONSERVARSE DE BUEN HUMOR

En un lugar donde se encontraban enfermos entristecidos y agotados se le dividió en tres grupos. Al primero sólo se le aconsejaron remedios espirituales: rezar, resignarse, pensar en el cielo. Al segundo sólo se le proporcionaron remedios terapéuticos: pastillas, inyecciones, paseos, música, etc. Y al tercero se le dosificaron ambas cosas: al lado de los remedios espirituales se le añadieron los remedios materiales.
El resultado fue el siguiente: los que usaron sólo remedios del espíritu, se curaron en un cuarenta por ciento. Los que usaron remedios materiales se curaron en un cuarenta por ciento. Y los que usaron ambos remedios, los del cuerpo y los del alma, se curaron en un noventa por ciento, casi todos. Con lo que quedó demostrado que es necesario utilizar ambas medicinas, las del alma y las del cuerpo, si uno quiere conservarse alegre y de buen humor.
Veamos, pues, alguno de los remedios más efectivos para obtener la paz y el buen ánimo:

1. Hay que comer bien. Verduras, frutas, leche, queso, carne, etc. Muchas veces una persona está triste porque no está bien alimentada. Alimentos pobres en vitaminas traen malos humores.

2. Dormir bien. “Si quieres acabar con tu compadre, quítale la siesta y llévalo a dormir tarde”, decía un antiguo refrán. Dicen los médicos que la tristeza produce sueño, pero también es cierto que el sueño no aceptado produce tristeza.

3. No hay que tener miedo a hacer el ridículo. No tomarse tan en serio a sí mismo porque esto causa inquietud.

4. No buscar los motivos secretos de las acciones o palabras de los demás. Huyamos de pensar: ¿Por qué hizo esto? ¿Por qué diría aquello?

5. No ser exageradamente tímido o susceptible. Esto eleva un muro en torno a sí, que aísla. Y ya sabemos el adagio latino: “Tristis eris, si solus eris” (Triste estarás si te quedas solo).

6. Dedicarse a ocupaciones placenteras. ¿Quién no tiene predilección por una u otra ocupación? Pues hay que dedicarse a dicha actividad cuando el mal humor quiera asaltarnos. Ya decía el Papa Pío XI: “El diablo le tiene a veces casi tanto miedo al que está ocupado como al que está rezando. Porque el trabajo aleja el aburrimiento”.

7. No afanarse ni entristecerse pensando en los problemas del futuro. A veces una persona se atormenta por cosas que nunca van a suceder. Una mujer norteamericana que vivía angustiada por el futuro de su familia, fue a consultar a un siquiatra, y éste, por toda respuesta, le leyó una frase de Jesús.

viernes, 10 de diciembre de 2010

COMUNIDAD FRATERNA

COMUNIDAD FRATERNA
Lo que daña a la Comunidad, e inclusive la destroza es el pensar negativamente y el juzgar. Esto presupone ya una intención negativa, desconfianza, celos, envidia, juicios apresurados sobre un hermano o hechos como también divulgar sus faltas. Todo esto envenena la atmósfera en la Comunidad.
Nuestra Vida Fraterna en Comunidad, es el primer y más importante testimonio de Cristo que podemos dar en el mundo de hoy. Ésta es creíble, sólo en la medida que practiquemos la Caridad, con la mirada permanente en Jesús y en el esfuerzo de hacer nuestros sus sentimientos. Tenemos que aceptarnos y amarnos como Él nos amó. Nuestro comportamiento frente a los hermanos e incluso con quienes compartimos lo cotidiano, tiene que realizarse con atención, delicadeza, dulzura, humildad, paciencia, respeto, prudencia y benevolencia. Tenemos que darnos confianza unos a otros, tolerarnos y perdonarnos mutuamente siempre que alguno tenga motivo de queja (Sn. Pablo a los Colosenses 3,12-17). Nuestro esfuerzo permanente debe ser construir la vida comunitaria en todos sus aspectos, fortalecerla y enriquecerla para crear una comunidad SALUDABLE.

ALGUNAS SEÑALES TÍPICAS DE LA VIVENCIA DE LA INTIMIDAD EN EL GRUPO

ALGUNAS SEÑALES TÍPICAS DE LA VIVENCIA DE LA INTIMIDAD EN EL GRUPO

  • Apertura a un espacio emocional donde se da cabida a todos.
  • Comunicación sencilla y abierta.
  • No existen agendas ocultas al interior del grupo.
  • Hay riesgo en la comunicación sin temores.
  • Hay presencia de sentimientos fuertes.
  • Hay naturalidad en el acompañamiento de unos con otros.
  • Hay capacidad para vivir el presente.
  • Hay compromiso de sigilo con lo compartido.

UN GRUPO DE VIDA

UN GRUPO DE VIDA

1. CONFIANZA Y ACEPTACIÓN
La confianza de los participantes del grupo entre sí, y de estos con el acompañante-cuando se tiene y/o está presente- por lo menos la expresión clara de cualquier síntoma de desconfianza, es uno de los factores claves para que el grupo ejerza su tarea terapéutica. La confianza se manifiesta en la aceptación mutua, la profundidad en las expresiones vitales que se comparten, y el riesgo de compartir las reacciones en el aquí y el ahora. La aceptación hace que crezca la asertividad, pues si cada persona se siente acogida y libre para ser como es, sin el riesgo de ser rechazada, sabe que no es necesario hacer nada para agradar a los otros.
2. EMPATÍA E INTERÉS
La empatía exige la capacidad para percibir el sentimiento del otro y conectarse en lo profundo con él. Permite apreciar honestamente al otro. Implica interés: relación genuina y activa con cada miembro del grupo. Sólo cuando se experimenta la empatía y el interés de los otros, se hace pasible la apertura transparente y profunda.
3. ESPERANZA
El cambio es posible cuando se cree en él. Es necesario que los miembros del grupo tengan la convicción de que pueden romper sus cadenas con el pasado y pueden ser activos en el enriquecimiento de sus vidas. Es requisito fundamental para el proceso de crecimiento personal en el ámbito individual y grupal, que se crea en la posibilidad de sanar la propia herida (la parte vulnerada) y en la capacidad de potenciar el pozo de las cualidades. La esperanza en sí misma es terapéutica y motivadora.
4. LIBERTAD PARA EXPERIMENTAR
El grupo de vida se convierte en un espacio vital en el que es posible experimentar conductas nuevas, ensayar cambios de comportamientos que se quieren modificar, e imaginar maneras nuevas de vivir escenas de la vida diaria. Técnicas como el sociodrama y el juego de roles, facilitan esta vivencia.
5. COMPROMISO CON EL CAMBIO
Para que se dé el cambio, además de la esperanza, de cree en él, es necesario tener un compromiso con éste. El cambio no se da con el mero deseo de cambiar, se requiere compromiso personal-consigo mismo en primer lugar-, pero también con la experiencia de apertura al grupo, y la ejecución de los ejercicios de interpelación y las herramientas terapéuticas, propuestos como medios para el proceso de conocimiento y crecimiento personal.
6. INTIMIDAD
La intimidad auténtica en un grupo se da cuando ha habido una revelación profunda de cada miembro, que les permita sintonizar a unos con otros. La intimidad aumenta en la medida en la que se recorre conjuntamente el camino de conocimiento y crecimiento, y se comparte el proceso de sanación. Cuando se logra experimentar en el grupo de vida que, independientemente de sus diferencias, todos comparten ciertas necesidades, deseos, ansiedades y problemas; cuando se descubre que todos enfrentan problemas similares, se incrementa la intimidad, y se hace posible trabajar los temores relacionados con ella y las resistencias al acercamiento personal. El objetivo fundamental es llegar a reconocer cómo se ha vivido evitando la intimidad (por el temor a ser nuevamente heridos, abandonados, no reconocidos) y cómo es posible aceptar sin miedo la intimidad y la cercanía con los otros.
7. CATARSIS
Permitir la descarga emocional, frecuentemente de forma explosiva, en el espacio del grupo de vida, ayuda a la liberación de sentimientos reprimidos. Dejar surgir sentimientos de cólera, frustración, dolor, odio, temor, y también sentimientos como la alegría, el afecto y el entusiasmo, abren al camino terapéutico. Pero es necesario que además de permitir la catarsis, se trabaje con estos sentimientos para lograr que los cambios tengan un efecto duradero y prolongado en el tiempo.
La catarsis es importante dentro del ambiente del grupo de vida ya que ésta es un proceso interpersonal, es decir, es realmente eficaz cuando se hace presencia de otra(s) persona(s). Cuando la descarga fuerte de sentimientos se hace acompañada por alguien, quien acompaña aporta en el proceso de ayudar a drenar la herida, tiene un papel fundamental en la objetivación de los sentimientos y sus causas, y es punto de referencia en el camino de sanación. Quien hace la catarsis, al tener testigo(s) de ella, se compromete-consigo mismo y con quien acompaña-en el trabajo posterior, puesto que los elementos revelados en un proceso de catarsis son herramientas útiles para la confrontación ulterior. Esto deja claro que el efecto de una descarga emocional-aunque sea fuerte-en un “espacio vacío” (sin compañía), no produce resultados duraderos.
8. MODIFICACIÓN CORPÓREA
Hemos afirmado que la repercusión corpórea es una condición sin la cual no podemos hablar de proceso terapéutico. De igual forma, no podemos hablar de camino de sanación si no se da la modificación corpórea.
La modificación corpórea se hace posible cuando se in-corporan (se introducen, se graban en el cuerpo) de manera diferente los hechos dolorosos del pasado, entonces es posible que la persona se in-corpore (se levanta, se yergue) de la postración física-aunque disfrazada-en la que se encontraba, y se in-corporan (se acogen, se asimilan) en el grupo esos nuevos datos como modificación colectiva. La modificación corpórea del grupo revela la modificación corpórea personal de cada uno de los participantes, pero también, la modificación generada por la interacción entre todos y cada uno. Resaltamos lo que ya dijimos anteriormente: el grupo de vida es por excelencia el gran terapeuta, por el compromiso de crecer juntos por contraste y por resonancia.
9. REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA
Comprender el significado de las experiencias emocionales intensas es necesario para ampliar el camino del conocimiento personal. Este factor cognitivo incluye la explicación, la clarificación, la interpretación, la comprensión de los fundamentos teóricos subyacentes, la formulación de conclusiones, y la adopción de nuevas decisiones.
10. AUTO-APERTURA
La apertura es el medio clave para que se dé la comunicación abierta, transparente y terapéutica en el grupo de vida. Si la comunicación se limita a la expresión de ideas, análisis de la temática, o relatos de vivencias en forma de anécdotas, el grupo corre el riesgo de convertirse en un espacio académico o quizá recreativo. La auto-apertura exige, además de la revelación de la realidad personal (‘¡Sin menoscabo del derecho a la privacidad e intimidad personal!), la capacidad de compartir y vivenciar grupalmente, las reacciones generadas en el intercambio de la vida diaria entre los miembros del grupo, al interior y fuera de éste.
11. CONFRONTACIÓN
En nuestro esquema de trabajo, la confrontación es una exigencia para hacer posible la tarea de ser “piedra de moler”. Confrontarse es una de las funciones fundamentales del grupo y una condición para el crecimiento personal y grupal.
La confrontación es una invitación constructiva a la coherencia, a la destrucción de barreras, a la autenticidad, al reconocimiento de las dificultades y las potencialidades personales, y al compromiso. Es sana en la medida en la que se confronte desde las reacciones del que comparte y no desde los juicios propios de quien confronta; si se hace de forma positiva: con cuidado, sensibilidad y responsabilidad, es decir, sin hostilidades, indirectas, o ataques, que puedan hacer sentir a la persona juzgada y rechazada. Una confrontación grupal bien llevada, invita a la autoconfrontación.

12. CONFIDENCIALIDAD
La confidencialidad, además de ser una condición fundamental para que se cumpla la función terapéutica del grupo, es un requisito inviolable dentro de la dinámica del grupo de vida. La intimidad de cada uno es un terreno privado y sagrado que se descubre ante los otros, sólo cuando es motivada por la esperanza y el compromiso con el cambio, y respaldada por el sentimiento de confianza, aceptación, empatía, interés y libertad que se experimenta ante los miembros del grupo. Una vez terminada la sesión del grupo de vida, este terreno de la intimidad vuelve a ser un espacio cerrado y absolutamente privado, que exige a cada miembro el silencio y la reserva de lo acontecido allí.












martes, 30 de noviembre de 2010

PRÉDICA DEL LUNES 29 DE DICIEMBRE DE 2010

LA FE DEL CENTURIÓN...Y LA FUERZA DE LA PALABRA
Ayer domingo 28 1er domingo de adviento el evangelio Mt en el vv. 44 nos hablaba de estar atentos, preparados, porque el Hijo del Hombre llegará cuando menos lo esperemos. La Palabra de Dios que se hace esperanzadora en ir preparándonos a recibir, a dar posada a Jesús y que viene para alentar a las gentes, a los hijos de Dios.
El libro de Isaías en el vv. 3 nos dice “que de Jerusalén la palabra de Yahvé”…y en el evangelio se puede encontrar a un centurión pidiendo que diga algo para que su muchacho se cure.
Es esa misma Palabra que Isaías hace mención y que el centurión con profunda fe reconoce que el Hijo de Dios es la misma Palabra, porque solo bastará que Él diga algo para que todos lo reconozcan que verdaderamente es el Hijo de Dios que viene nuevamente a nuestras vidas.
En este tiempo de adviento las lecturas nos sugieren muchos detalles para ir quitando y trabajando en nuestras vidas algunas situaciones que no nos ayuden a crecer como personas y como integrantes de una comunidad.
Hay dos puntos que puedo percibir para trabajar en nosotros: el ir fortificando nuestra “fe” y la “palabra”… nuestra fe en situaciones concretas y en la que Dios actúa constantemente y que muchas veces no nos percatamos y la otra, el compromiso que tenemos cada uno de nosotros el llevar aquella palabra que Isaías y mateo nos proponen.
Catalina de Siena dice a Raimundo de Capua que debemos ser “creadores más bien que destructores o aguafiestas” somos formados como predicadores por medio de las conversaciones cotidianas que tenemos con los otros, las palabras que intercambiamos en la sala comunitaria y quizás en los pasillos de la casa o en otros lugares. Descubrimos cómo compartir una palabra de vida en nuestra predicación, al formarnos como hermanos que se ofrecen mutuamente palabras que comunican esperanza y ánimo, construyen y sanan. Si somos gente que habitualmente ofrece a los otros palabras que hieren, socavan, arruinan y destruyen, por muy inteligentes y eruditos que seamos, nunca seremos predicadores de aquella Palabra que Isaías y Mateo nos presentan.
Somos portadores de una Palabra que se nos ha dado hace muchos años, porque se encarnó. Para recibir la palabra que se nos da, tenemos que aprender el arte del silencio. En el estudio y la oración aprendemos a ser tranquilos, atentos, observadores para poder recibir del Señor lo que vamos a compartir. En el silencio se acrecienta nuestra fe y la palabra. Si nos preparamos para predicar al mundo, en el silencio de la contemplación recibimos los dones.
Recuerdo que siempre los formadores en el convento de san Alberto nos decían: “tienen que estar clavados a la silla, no para adquirir un conocimiento magistral, sino para poder estar listos y atentos a lo que Dios nos quiere transmitir a través del estudio y el silencio.
Ese pedido que hizo el centurión a Jesús, la hagamos también nosotros para que vuelva a encarnarse en nuestras vidas, en nuestro ser aquella Palabra, el Verbo de Dios para ser portadores de palabras que estén llenas de “fuerza” para que transformen y palabras que “liberen”, es la fuerza de la Palabra la que obra en nosotros en el instante, fuerza que libera y moviliza energías insospechadas, haciéndonos instrumentos eficaces de reconciliación.
Signos eficaces existen y se dan para que nuestras comunidades crezcan en la fe y en la palabra…hagamos que la salvación también llegue a nuestra comunidad. En estos días de espera y de esperanza que salgan de nosotros palabras de perdón, de amistad, de aliento y de saber enmendar cuando hayamos ofendido a alguien con nuestras palabras y nuestros actos.
Tengamos la fe del centurión que pidió a Jesús que dijera una palabra para sanar al muchacho.

domingo, 28 de noviembre de 2010

MOVIMIENTO JUVENIL DOMINICANO...CUSCO

El grupo tuvo un encuentro con un sicólogo amigo por la noche del viernes.
Empezando a trabajar en el retiro con los jóvenes del MJD hubo varias propuestas de horarios y para seguir un modelo de trabajo. Les propuse que lo que estaba escrito dentro del horario programado lo hiciéramos de la manera espontánea para hacer de los temas propuestos más llevaderos y que no sea una carga lo que se trabaje...
Comenzamos a ver el “grupo” y la “comunidad”:
Inicié con una pregunta: ¿Se sienten grupo?
Muchos de ellos respondieron: sí… les dije, eso lo dicen de sí mismos o como grupo…no atinaron a responder…
Expliqué la relación entre grupo y comunidad: ejemplo… hagan grupos de tres… a moverse… se sintieron obligados…están haciendo vida de grupo…
¿Y la comunidad? Son esos seres individuales que lo conforman con sus debilidades y fortalezas…
Para que esa comunidad marche bien tiene que existir: normas, leyes etc…dentro de esa comunidad para que marche bien entre los que lo conforman tiene que existir “armonía” y para que haya “armonía” tiene que haber “confianza” y “tolerancia”…entre otros como: comprensión, respeto, aceptación…
Para que la comunidad marche bien, de parte de sus integrantes tienen que ser sus integrantes: honestos, prudentes, flexibles y exigentes…pero consigo mismos y luego con los demás.
La mayor parte de los que integramos un grupo y en la comunidad, queremos “quedar bien”…quizás porque existe el miedo a equivocarnos…pero es mejor equivocarnos para superar y corregirnos en lo que nos hemos equivocado.
Trabajo grupal: hacer un listado de todas las dificultades que haya dentro del grupo y las dificultades que haya dentro de la comunidad...sería mejor que no se inventaran, que sean reales y verídicas y las que se estén viviendo en el grupo/comunidad.
Por la tarde se trabajó el tema entregado, la separata, que trata sobre las condiciones del predicador: la escucha y la compasión…cómo tiene mucho que ver con el grupo de la comunidad. Se puso un video de “el buen samaritano” que duró unos 26 minutos…
Por la noche tuvieron “oración de intercesión” alrededor de una fogata….
Hoy domingo 28 de noviembre por la mañana estamos trabajando los temas de sexualidad, integración, compromiso, el aborto…todo enfocado desde la vida de grupo, la vida de comunidad…se hizo un proceso corto de trabajo personal para encajar una experiencia de vida vivida con la vida de grupo…es preciso anotar que a cada uno de ellos dentro del grupo se le ha hecho una terapia de grupo para solidificar pautas no trabajadas en su persona y que se refleja en el grupo….hubo un momento de estar “solos” del grupo, de unos 40 minutos para que piensen en el compromiso que tienen entre sus manos como grupo/comunidad dominicana.






miércoles, 24 de noviembre de 2010

LLEGANDO A SU FIN...DIAS DE ENCUENTRO

Martes 23
“Una cita Conmigo Mismo” y “Alguien te llama” llega a su fin…días te encuentros con Uno Mismo y con Aquél que nos ama y llama…

El Cardenal Martini usa una expresión muy sugerente con respecto a la “vocación”: dice que la vocación “es una herida especial del corazón”. Una herida sagrada, destinada a no cicatrizar, para recordar ese bendito día en el que Dios te hizo sentir de manera particular su voluntad y te desveló el fantástico sueño que tenía sobre ti; una herida singular que, a la vez expresa el sufrimiento y el esfuerzo de la lucha con Dios, manifiesta también la plenitud del gozo y de la realización en Él… Ése Alguien quien te llama hace que escribas tu carta, para dar respuesta a la vocación a la que has sido llamado…la escribes con bastante temblor y temor…sabes, quisiera y desearía ser voz del Dios que te llama, que te está llamando desde siempre. Sabes, y como toda carta, espera respuesta…sería mejor que respondas directamente a Aquel que te llama…al igual que tú, también yo debo una respuesta a Aquel que no cesa de llamarme a diario…

La carta ha conseguido que se te hiciera cortas las horas, y ahora que te vas a descansar…y soñar que tus respuestas en la carta puedan encontrarse en el mismo “sí”, fresco y madrugador, a Dios, nuestro Padre y Creador.

Sabemos que todos los papás y mamás del mundo intentan ser y hacer lo mejor posible a lo que fueron llamados, hicieron lo mejor posible para nosotros… “Una cita Conmigo Mismo”. Amamos como podemos y hacemos cuanto podemos. ¡Cuántas veces he oído decir a algún padre de familia: “Lo he hecho todo por mis hijos”; “He hecho cuanto he podido”; “He querido darles lo que yo no tuve oportunidad de tener”…! Todo ello es muy cierto. Por eso es importante que no nos sintamos culpables por lo que nos ha sido imposible dar, ya que en ello no tenemos ninguna responsabilidad verdaderamente consciente. ¡Cuántas veces he oído también decir: “Era más fuerte que yo”; “Comprendía, pero no podía”; “Si lo hubiera sabido, habría actuado de otro modo”…! Es importante reconocer que lo que un niño debería haber recibido y no recibió ha dejado en él una seria herida; la herida de las riquezas personales no explotadas, de tesoros de talentos y aptitudes de los que él, y la humanidad a través de él, ha sido privado, despojado. Explora tu propia experiencia con el fin de mejorar tu relación Contigo Mismo…

Durante el día: las entrevistas personales…misa en la Iglesia de los Hermanos Maristas… Fue muy bonito…unos momentos de encuentro con los hermanos y hermanas de la CONFER…despedida entre formandos y acompañantes…

¡Gracias Señor por los momentos y pequeños detalles que nos das a cada paso y en ellos te encontramos!

Recreación: “cómo nos sentimos”… compartir momentos de lo vivido durante el día…
Hasta mañana que continuamos con las entrevistas y entregar nuestras cartas…Será un día de “ACCIÓN DE GRACIAS”…

martes, 23 de noviembre de 2010

DÍAS DE ENCUENTRO

Lunes 22

Comenzamos la mañana teniendo un momento de “oración creativa”… “la Felicidad”… venimos a la Orden a ser felices y no a vivir como solterones amargados… ¡Señor, haznos felices para que podamos irradiar felicidad a los demás!

Seguimos haciendo nuestra “revisión de vida personal y comunitaria” nos ayudó el tema de “Al Comunicarnos, debemos ser plenamente responsables de nuestras acciones y reacciones” Eleanor Roosvelt tenía colgado en la pared de su despacho el siguiente mensaje: “nadie puede hacerte sentir inferior, a menos que tú se lo permitas”…

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Tuvimos por la tarde la celebración “eucarística” en la parroquia “Santo Toribio”… estuvimos compartiendo la “eucaristía con las hermanas de la Trinidad.


Por la noche, antes de ir a descansar, estuvimos trabajando nuestra carta de petición…

¡¡¡¡¡¡Hasta mañana!!!!!!

lunes, 22 de noviembre de 2010

DÍAS DE ENCUENTRO

Domingo 22:

Había
temas pendientes que trabajar…después de la celebración eucarística en la parroquia de Ricardo Palma y de presenciar unos bautizos regresamos a la casa de retiros a continuar trabajando…estuvimos haciendo revisión de nuestra vida comunitaria - personal y ver cuáles eran los “conflictos” y “dificultades” tanto comunitarios como personales…gracias a Dios que nos permitió dialogar sin agredirnos y buscando algunas alternativas para saber proceder adecuadamente en la vida comunitaria… “casi nunca llegamos a un acuerdo” fueron algunas de las frases que se escuchó en la reunión… ¿Qué hacer?... ¡nadie toma la iniciativa!, necesariamente tiene que haber uno que lo haga pero… ¡oh sorpresa! Y qué hacer al respecto: “¡hacer algo que no satisfaga a ninguno y que involucre a todos!” ¡Wow! ¡Qué difícil! Pero no imposible.


Hablemos de los cursos recibidos en la CONFER y en la Casa… sugirió uno. Revisemos lo que dicen las Actas del Capítulo Provincial y los Documentos de la Formación… ¡Evaluamos todo con respecto a la formación recibida! La ejecución del plan de formación para primer año, según el espíritu para el cual fue establecido, enfatizando la formación humana y cristiana… nos hubiere gustado tener un ritmo de oración diaria creativa a nivel personal y grupal… ¡Nos hemos sentido invadidos! Exclamaron. ¡Fray! La carta de petición para el segundo año, está difícil. ¡Me alegro! Nos respondió Fray Eduardo.
La noche llegó… ¡Vuélvete a quedar con nosotros Señor! Fue cosa de Dios que nos motive en estos días a estar cerca a Él y que la oración creativa que no tuvimos, al menos, estos días la hagamos entre nosotros… ¡Bonita experiencia!
Al compás de melodías suaves de la música que envolvía la Capilla de la Casa, le dijimos a Dios… ¡Gracias por estar con nosotros! Ése alguien que nos llama y la Cita Conmigo Mismo, ese eres Tú Señor….
¡¡¡¡¡¡¡¡Gracias por el día!!!!!!!!!




domingo, 21 de noviembre de 2010

DÍAS DE ENCUENTRO

Sábado 20:
Cómo es la vida y la que Dios nos regala a cada instante, pequeños detalles que no podemos dejar pasar por desapercibido…continuamos trabajando nuestra historia personal y luego la carta para pedir nuestra continuidad en la Orden o salir de ella…
Se intensifica el tener que discernir muchas cosas en esta opción de vida, la vida de Cristo, y descubrir que él actúa cada día más en nuestras decisiones personales y comunitarias.
Continuando con las “motivaciones”…propusimos orar con nuestros sentidos, salir y ver todo lo que nos ofrece Dios y gustar de todo ello. Lo curioso fue ir por los “rieles del tren”, y “difícil a la vez para avanzar”, mirábamos hacia atrás si venía alguna locomotora a velocidad, pero nada…pudimos descubrir que el “agotamiento” nos envolvía a todos, nos solidarizamos frente al cansancio de otros…nos dimos cuenta que por el lugar donde íbamos no era el camino que no deberíamos de ir... ¡buena prueba la que se nos tenía preparada!

Nada se puede comparar el tener que sostenernos el uno al otro a pesar de nuestras diferencias… No podemos dejar de lado, muchas veces nos hemos sentido un poco mal, quizás sea por trabajar nuestra Historia Personal; quizás sea nuestra propia revisión de vida y comunitaria que estuvo sumergiéndonos, para descubrir en que estábamos yendo mal y lo bueno que tenemos que seguir rescatando. Es verdad, sentíamos demasiado el tener que pensar en nuestras cosas y como que no descubríamos qué era. La respuesta de todos fue: “recién sentimos compartir juntos la vida de comunidad más intensa” eso debe ser lo que nos está “curtiendo”, “golpeando”, nos está haciendo pensar que más adelante tendremos que compartir la vida juntos y resolver nuestros pareceres juntos…no se trata de quién manda a quién, se trata de arrimar todos el hombro… “RESPETARNOS A PESAR DE LAS DIFERENCIAS”
El descanso llegó, al atardecer, le dijimos a Dios que se quede con nosotros, que comparta la mesa con nosotros… ¡Así fue!

Nos queda el domingo....

sábado, 20 de noviembre de 2010

DÍAS DE REFLEXIÓN, DE ENCONTRARNOS A NOSOTROS MISMOS Y CON DIOS EN NUESTRA PEQUEÑA COMUNIDAD

Comenzamos el día 18 de noviembre nuestro encuentro. Salimos a eso de 9:45 de la mañana desde Lima hacia Huarochirí, Ricardo Palma, Casa de Retiro San Juan Macías de las Hnas. Dominicas de La Trinidad.
Durante el camino hubo una gran dificultad, el tráfico, que no se podía avanzar con facilidad ya que la congestión de los carros imposibilitaba la fluidez y el arreglo de las pistas, hacia del camino un poco tedioso.
Gracias a Dios que fr. Rómulo nos trajo desde Lima hacia este lugar llegando a las 11 y 45 de la mañana, faltando poco tiempo para almorzar. Las Hnas. De La Trinidad nos estaban esperando.
Lo acogedor, es la pequeña casita, que hemos optado por tenerla como lugar para pasar estos días…lleva de nombre Casa Santa Rosa…es el mismo lugar donde las Hnas comenzaron sus primeras misiones por esta zona…el lugar se presta para estar tranquilos y trabajar nuestra Historia Personal, la Vida de Comunidad y hacer algunas cosas más de formación humano – cristiano que no hemos realizado como grupo. Gracias a Dios que en estos días nos estamos integrando más.





Por la noche del día jueves 18, nos reunimos para ver la temática de estos días: “tengo una cita Conmigo Mismo” y “Alguien te llama”…trabajar desde los pequeños detalles que hicimos y seguiremos haciendo ya que nos ayudarán a “crecer”, “integrar” y “acoger” para brindarlo a los demás.
Tuvimos también, después de explicar la matriz de estos días, un momento de integración comunitaria: “Aprender a Reír” motivados por “algunos mimos” para ir dándonos cuenta de las actividades que hacemos y que no nos damos cuenta y que otros sí suelen darse cuenta. El tener “una cita Conmigo Mismo” y de saber que en el transcurso de los días en la formación, “Alguien me llama”.
Durante el día viernes se trabajó el tema de: “Un credo” para mis relaciones con los demás. Hemos tratado de nuestras “necesidades particulares” y con el derecho a satisfacer esas necesidades particulares dentro del grupo. Tema de la “aceptación”, que yo acepte y que el otro acepte mis diferencias y viceversa. Tratamos también dentro de este punto: los “cambios de conductas” que muchas veces no nos ayudan a crecer. El reconocer que tenemos “conflictos de necesidades” y que a la vez queremos que sean resueltos.”El respeto a mis necesidades y la de los demás”. El uso del “poder” y de la “autoridad” que genera estas necesidades. Trabajamos con ejemplos que se viven a diario en el grupo y algunas alternativas de solución, sabiendo que “detrás de un problema” hay una salida y/o una solución.
Después, nos centramos en la Carta de Petición para ser evaluados y ver si somos aprobados para pasar al segundo año de postulantado. Hablamos sobre el “balance” de todo este proceso de formación durante este primer año; las “dificultades” y mis “victorias”; mi “discernimiento”: “siento” que he crecido, si soy “consciente” y “responsable” de mi formación; he mostrado “tolerancia” y “paciencia” con mis compañeros y conmigo mismo; sobre mi “vida sexual”; la sinceridad frente a mis compañeros y a los acompañantes; la “relación” con mis compañeros, como se vio anteriormente; “dificultades” frente a estas relaciones…más diálogo y apertura; los tres puntos clave en el proceso de formación planteados a un inicio de la formación bajo la figura de domingo de Guzmán: “prudente”, “exigente” y flexible”…mi vida de “oración personal” y “comunitaria”…expusimos cómo lo llevamos este año; mi “estudio”, si he avanzado con una mentalidad más abierta y si hubo un diálogo interdisciplinar. ¿Me siento “motivado” para continuar?...
Por la noche del viernes, se propició un encuentro comunitario a través de nuestras “motivaciones” qué me gustaría hacer y por qué está de por medio la comunidad y las “dificultades” que encontramos para que ello se realice. Conversamos arduamente del tema, llegando a esclarecer nuestras dificultades y cómo ello no permite el diálogo…las “motivaciones” las inicio, no espero que me las tengan que decir para hacer…espacios de encuentros…
Para el día sábado se propuso que continuemos trabajando nuestra “Historia Personal” y nuestras “Motivaciones”… ¿Difícil verdad?